Habían transcurrido más de 10 horas de la batalla campal que se registró en Altamira y el olor de los gases de las bombas lacrimógenas aún persistía en los alrededores de la plaza.
Piedras, vidrios rotos, escombros por doquier y hasta rastros de aceite en el pavimento son parte de los obstáculos que tienen que sortear transeúntes y conductores en las calles Luis Roche, San Juan Bosco y avenida Francisco de Miranda.