Existen plantas de hermosos follajes y de brillantes colores que nos cautivan por su belleza. Una de ellas es la violeta africana.
Esta frondosa planta ha dejado de ser un ejemplar exótico para convertirse en una de las variedades más habituales dentro del hogar, gracias a su gran valor ornamental y a sus vibrantes colores.
Sus aterciopeladas y carnosas hojas de color verde intenso y sus delicadas flores violáceas alegran y visten nuestro hogar durante todo el año.
Floración.
Lo más habitual es que florezcan en el verano, pero uno de sus principales atractivos es que puede tener más de una floración al año y que ésta puede producirse en cualquier temporada. Entre las floraciones, hay un ciclo de descanso de unas seis semanas.
Una vez aparecidas las flores, estas son de reducido tamaño e irán creciendo tanto en dimensión como en número.
La gama cromática más común es el violeta (de ahí su nombre) con estambres amarillos en el centro, aunque también las veremos blancas, rosas, rojas, azules e incluso de varios colores.
Luz.
Debe estar en una habitación iluminada, pero sin recibir directamente los rayos del sol.
Riego.
El agua es fundamental en su cuidado; sin embargo, es importante no sobrepasarse porque esta planta se pudre con facilidad.
Debe regarla siempre sin mojar las hojas, ni los tallos ni las flores. Coloque la maceta sobre un plato con agua durante unos 20 minutos para que absorba por capilaridad.
En verano, puede añadir un poco de fertilizante líquido al agua de riego cada 3 semanas.
Limpieza.
Retire el polvo de las hojas con un pincel cada 15 días. No utilice abrillantador ni agua sobre su vellosidad.
Plagas.
Los pulgones y las cochinillas se pueden eliminar fácilmente con productos fungicidas e insecticidas específicos. No es extraño que el exceso de riego provoque la aparición de hongos.
Este problema generalmente se manifiesta en forma de moho gris. Para evitarlo, es importante controlar y medir la cantidad de agua que suministramos a la planta.