Dilema de la ACP

Por: Redacción 08/02/2014

Resolver si tiene sentido continuar negociando con el GUPC, después de paralizar las obras como una forma de presión para aceptar sobreprecios fuera del contrato, es el dilema que la Autoridad del Canal debe decidir sin pérdida de tiempo.
Sacyr Vallermoso no ha modificado sus pretensiones en el lapso que se extiende desde sus amenazas hasta la paralización total de las obras, no obstante la mediación del Gobierno español. Sus exigencias desmesuradas representan una ruptura del contrato de construcción del tercer juego de esclusas. Ante la posición extracontractual de la empresa española, la Autoridad del Canal debe asumir la responsabilidad de continuar y poner término al megaproyecto antes de que se dilate mucho más el tiempo de conclusión de las obras, causando graves perjuicios a la Nación y a los clientes del Canal. No debemos seguir en el juego irresponsable del consorcio al que en mala hora se le adjudicó la licitación por debajo de la cifra calculada por la ACP.
El ingeniero Jorge Quijano y su equipo de asesores concurrirán a la Asamblea para explicar los detalles de las frustradas negociaciones y los planes para proseguir el megaproyecto. Sin vulnerar los alcances de la autonomía administrativa, la ACP debe informar verazmente, ante  la opinión pública, todo lo concerniente al fracaso del proyecto más ambicioso desde la fecha de la construcción del Canal interoceánico.
El pueblo debe saber por qué se seleccionó al consorcio del GUPC durante la administración de Alberto Alemán Zubieta. El pueblo panameño debe saber si se investigaron los antecedentes de la empresa española para poder tener la garantía de su solvencia financiera y técnica. Debe saber si influyó en algo la inclusión de la empresa panameña Cusa, a la que había estado ligado como accionista el anterior administrador del Canal. Sobre todo, el pueblo quiere saber si la ACP tiene un Plan B para continuar ininterrumpidamente la finalización del tercer juego de esclusas.
No debemos perder la serenidad ante la posición antijurídica de una empresa extranjera que demuestra ausencia de escrúpulos en el cumplimiento del contrato más importante de su trayectoria.
La construcción del Canal nos enfrentó a la quiebra traumática de la empresa francesa de Ferdinand de Lesseps. Luego nos amarró a un tratado que, por un lado, nos protegió de los intentos militares de desconocer la separación de Colombia para constituirnos como república independiente, pero nos impuso cláusulas lesivas a la soberanía. Sin embargo, afortunadamente, la historia contemporánea, asimismo, exhibe la capacidad administrativa y técnica de Panamá para mejorar el manejo de la vía interoceánica.
La ruptura del contrato nos vuelve a enfrentar a grandes dificultades para materializar la modernización del Canal. No debiera aturdirnos la dimensión ciclópea del proyecto. La historia nos enseñó a tener paciencia y capacidad de resolución. Sin embargo, la historia, maestra de la vida, según Cicerón, también nos deja lecciones para no repetir errores, tanto en el Canal como en las obras públicas en general. No siempre el aparente costo más bajo de las obras públicas es garantía de solvencia y eficiencia. Hay otros factores que deben contar en el futuro.