Buena programación, pero también hay que abrir los ojos

Al parecer, la idea de distribuir 30 carreras en tres días caló bien entre los apostadores. Por lo menos eso fue lo que pudimos percibir en un sondeo de carne y hueso que hicimos entre algunos hípicos durante el desarrollo de las reuniones 12, 13 y 14, correspondientes al jueves 30 de enero, el sábado 1 y el domingo 2 de febrero pasados.

Hay varios factores que deben analizarse en este tema. Por ejemplo, el jueves 30 se dio una apuesta de $133,774.67. Esto tiene su fundamento en el hecho de que la fecha, además de coincidir con la quincena, tenía el atractivo del acumulado en el 5 y 6 que para entonces ya frisaba los $140,000. Un tercer factor lo fue el hecho de que, finalmente, por los aires en la Secretaría de Carreras hubo un soplo de ingenio y dispusieron programar uno o dos lotes que usualmente se reservan a los fines de semana.

Con buen tino, ese día solo se programaron ocho carreras y a la vez se tomaba sabia decisión de no presentar carreras el viernes. Decimos sabia porque, a pesar de que hemos sido defensores de que se presenten semanalmente todas las reuniones posibles, no podemos negar que el viernes es un día negro para los intereses hípicos.

Está comprobado que por más interesante que sea la cartilla y aunque haya acumulados, los viernes no logran cautivar a los apostadores, quienes parecen ceder ante los encantos de las múltiples distracciones que ofrece la ciudad ese día.

Es así, que el sábado pasado se realizaron doce carreras, un 50% del total regularmente tenemos. Las características de estas carreras eran bastante aceptables, y el apoyo fue rotundo. Hubo quienes nos manifestaron que -al igual que pasó ese día- siempre las competencias locales debieran coincidir lo más posible con los eventos de transmisión simultánea para mantener el balance y la atención de quienes miran por igual ambas ofertas.

Finalmente, el domingo fue otro día para analizar. A diferencia de lo que sucede casi todas las semanas, esta vez no había ningún evento clásico programado. Sin embargo, los hípicos volvieron a atender con entusiasmo los 10 eventos de esa fecha y con ello se cumplió el cometido deseado.

El punto aquí es que si todas las semanas se usaran los recursos disponibles con inteligencia y no pensando en complacer a los mismos de siempre, seguramente habría una sostenibilidad en las apuestas y, eventualmente, un aumento en el promedio que se juega al final de cada jornada.

La presentación de doce carreras la tarde del sábado resultó bastante efectiva para todos los hípicos.

Claro que lo anterior va íntimamente matrimoniado con otras acciones. Una de ellas es que se mejore la atención a los visitantes del hipódromo, especialmente del hípico de a pie que es el que realmente pone el grueso del dinero que llega ahí. Esta atención comienza por más y mejor servicio en las ventanillas de apuestas, mejor iluminación en algunas áreas que parecen tinieblas después de cierta hora, y hacerles llegar el mensaje a quienes todavía no entienden que el negocio del hipódromo son las apuestas.

Por último, no por ello menos importante, se requiere una actitud más dispuesta a la fiscalización por parte de las autoridades. Es cierto, las sorpresas son parte del juego y hay quienes nos encantamos con ellas, pero tampoco podemos hacernos de la vista gorda cuando apreciamos que a algunos caballos y jinetes un día les cae una tonelada de pereza encima, y de repente no se mueven, pero una semana después sufren una metamorfosis que los pone en la primera línea.

Sobre eso hay que trabajar, y seriamente, para no desbaratar con las patas, lo que construye con las manos y plata de la gente, pero ese es tema de otra columna. Se los prometo.


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Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com)
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