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Realidad política de los adultos mayores
Faltan pocos meses para los comicios presidenciales. Los candidatos ya han dicho o sugerido parte de sus propuestas de plan de gobierno. El escenario político ya se vislumbra en las calles y avenidas del país gracias a los afiches políticos. Las propagandas electorales alusivas a los partidos políticos ya impregnan el aire mediático televisivo y radial. No obstante, y a pesar de toda esta maquinaria política sugerente, no se aprecia aún ninguna aproximación a la problemática del envejecimiento y la vejez en Panamá. Situación esta que, lejos de ser una caprichosa curiosidad u ocurrencia de los tiempos contemporáneos, es una necesidad ineludible para el porvenir socioeconómico y político del país.
Hoy por hoy, para nadie es ajeno que las sociedades latinoamericanas, al igual que las europeas de finales del siglo XX, están envejeciendo rápidamente. Fenómeno este que en opinión de algunos especialistas, no solo es único en la historia de la humanidad, sino que representa un factor de riesgo importante para el desarrollo y progreso de las sociedades actuales, ya que al no existir plataformas institucionales que garanticen el bienestar socioeconómico y la inclusión sociopolítica de este grupo etario, en pocos años nos veremos invadidos por una serie de complejidades sociológicas que van desde las pensiones y jubilaciones, hasta aspectos capitales para la misma sobrevivencia de estas personas mayores, como lo son el cuidado y la salud geriátrica. De esta manera, la problemática de la vejez no es solo de las personas adultas mayores y su búsqueda de representatividad ciudadana por medio de sus demandas, sino que es un proceso sociodemográfico que amenaza la misma estructura social del país, ya que en el futuro próximo no solo todos seremos ancianos, sino que además, estaremos lidiando quizás con los mismos problemas o peores.
PANAMÁ SE ENCUENTRA EN UN PROCESO DE ENVEJECIMIENTO AVANZADO, EL CUAL SE IMPONDRÁ A LA LÓGICA SOCIOPOLÍTICA DEL PAÍS EN LOS PRÓXIMOS AÑOS, INDEPENDIENTEMENTE DEL INTERÉS O NO DE LOS POLÍTICOS DE TURNO...
Lamentablemente, en nuestro país no ha existido una coalición de personas adultas mayores lo suficientemente unida para poder exigir sus derechos sociales y políticos como grupo o colectividad organizada; a diferencia de otras sociedades, en donde ya se habla de poder gris. Este término, aunque un poco pretencioso, no tiene nada de vacío, ya que las personas adultas mayores no solo han logrado incidir en la opinión pública, en cuanto a sus demandas y necesidades específicas, sino que han logrado convertirse en un grupo de interés y de presión significativo en la sociedad civil y en los comicios, por medio del denominado voto gris. En este punto, vale la pena recordarles a los políticos que lejos de ser los jóvenes los que más participan en las elecciones presidenciales, el informe de la Universidad de Vanderbilt sobre cultura política de 2010 sugiere que la participación electoral en Panamá crece con los años. Por ende, aunque irónico, son las personas mayores uno de los grupos generacionales que más participan políticamente en nuestro país.
No obstante, y a pesar de estos hallazgos, los políticos siguen invisibilizando a las personas adultas mayores, al igual que el Gobierno, sin mayores riesgos (aparentemente). Toda demanda de este grupo etario no solo es tratada con el mayor desinterés, sino que incluso se les ignoran sus demandas ciudadanas como simples cacareos de ancianos. Sin embargo, la evidencia demográfica es clara. Panamá se encuentra en un proceso de envejecimiento avanzado, el cual se impondrá a la lógica sociopolítica del país en los próximos años, independientemente del interés o no de los políticos de turno, ya que el envejecimiento de la población panameña es continuo.
Todo esto revela un panorama incierto para los viejos presentes y futuros; ya que los políticos y el Gobierno, lejos de afrontar el problema del envejecimiento de la sociedad panameña por medio de políticas gerontológicas que vayan regulando e incidiendo en las necesidades socioeconómicas y de bienestar de este grupo etario, se debaten en la demagogia política partidista.
Posiblemente para muchos, el problema de las personas adultas mayores se resuelva mediante insumos casi caritativos como el programa 120 a los 70 o irrisorios aumentos en las jubilaciones y pensiones. Todo esto es importante y necesario, sin lugar a dudas; sin embargo, ya es hora de que los políticos entiendan que el mundo del mañana, lejos de ser monopolio indiscutible de la juventud, se percibe cada vez más envejecido y gris.