Escrito está tu destino. Ninguna tacha podrá enmendarlo Khayyam
No es cierto que vamos a desaparecer de súbito a pesar de todas las chambonadas que estamos cometiendo con nuestro mundo. Todavía aguanta unos cuantos milenios más la vida humana sobre este planeta. Y fíjate bien lo que digo: la vida humana. Porque lo que son los inefables insectos (entre ellos la cucaracha) sobrevivirán hasta que se apague el sol, lo cual es una estupenda noticia. ¿Cuántos años más sobreviviremos nosotros? Eso no parece importarnos mucho. La cuestión es no someternos a ninguna reducción de placeres y virtuosismos en nuestras costumbres.
Lo que sí debo advertir es que la desaparición de nuestra especie será lenta y dolorosa. Perdona que en esto sea pesimista y que te diga cosas que no hacen sonreír. Si seguimos como vamos, la humanidad implantará el canibalismo para durar un poquito más.
¡No te importe! No pasará en los años que le faltan a este siglo. No será sino hasta el 2105 que llegaremos a ser unos 18 mil millones de seres con necias ganas de comer todos los días. Tal vez para entonces nos pongamos las pilas que hagan funcionar ese lado del cerebro previsor y fraternal que por ahora se cierra a cal y canto.
¿Para qué vamos a pensar en ese futuro horrible, teniendo por delante tantos árboles que tumbar, tantas cáscaras y latas de bebidas que echar a la calle, tanto monóxido de carbono que producir, tanto monte que quemar, tantas mujeres que preñar, tantas boberías que decir?
Imagínate, tendríamos que enseñar Ecología en las escuelas. Seguramente querrán incluir sexología hasta en kinder (¿acaso vamos a tratar que nuestra niña de cuatro años entienda tan temprano cómo es posible que su hermanita de doce vaya a tener un bebé?). Además los maestros y profesores tendrían que aprender estas cosas y eso significa un aumento de salario inmediato.
¿Latoso el futuro, no? Como decía un personaje en una anécdota de Bertrand Russell: «¿Por qué debo pensar en el futuro si el futuro no ha pensado en mí para nada?»
Y sin embargo tengo fe, chaparra pero con garras. Sé que somos capaces de emprender cualquier campaña, de reestructurar nuestras diversiones, sobre todo las sexuales, aunque parezca imposible cambiar el cínico hit and run por el de sacrificio con hombre en base. ¡Y vienen carnavales!