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El Inca Garcilaso, entre dos mundos
Hijo de un conquistador español y una princesa inca, Gómez Suárez de Figueroa (apodado el Inca Garcilaso de la Vega, 1539-1616) vivió entre dos mundos. Es considerado el "primer mestizo biológico y espiritual de América", el que supo conciliar sus dos herencias culturales.
De él son destacables su dominio y manejo del castellano, así como sus dotes de gran narrador, desde el punto de vista lingüístico-literario; y su pasión por la historia, cuya influencia fue notable hasta fines del siglo XIX.
Su obra cumbre es Comentarios reales de los incas, publicada en Lisboa en 1609. En esta, el Inca Garcilaso trata la historia, la cultura y las costumbres de los incas y otros pueblos que tuvieron relaciones, directas o indirectas, con el antiguo Imperio incaico. Son suyas también La Florida del Inca (1605), un relato de la conquista española de la península de Florida, y una segunda parte de los Comentarios reales de los incas, publicada póstumamente en 1617 con el título de Historia general del Perú, en la que el autor hace interesantes pesquisas sobre la conquista del Perú y el inicio de la colonia española.
En sus obras se evidencia la esmerada instrucción que recibiera el Inca Garcilaso en el Cuzco y España (aparte de sus dos lenguas maternas, español y quechua, hablaba latín); una descripción de los gobernantes incas como monarcas benévolos, justos y dadivosos; y una rotunda negación de los sacrificios humanos (aunque reconoce que era una práctica ancestral). En este sentido, afirma que la misión de los incas fue "civilizar a los pueblos bárbaros".
RESCATA LA IDEA MORALISTA CON RESPECTO AL INCA Y SU IMPERIO. EN ÉL, TODO ES INTEGRACIÓN, DOS MUNDOS DIFERENTES SE CONJUGAN EN UNO: LA OTREDAD.
El Inca Garcilaso frecuentó los círculos humanísticos de Sevilla, Montilla y Córdoba, con especial interés en la historia y la lectura y estudio de los poetas clásicos y renacentistas (de ahí la traducción de Diálogos de amor, de León Hebreo, escritor sefardí). Conoció a Luis de Góngora y a Miguel de Cervantes, quien, parece ser, había leído su traducción de León Hebreo.
Para muchos, es el "padre de las letras del continente", por su salvaguarda de la memoria de las tradiciones de la civilización andina; y sus Comentarios reales de las incas se han reconocido como el punto de partida de la literatura hispanoamericana.
A través de la vida y la obra del Inca Garcilaso encontramos una visión de integración cultural. Tras la llegada de los españoles a suelo americano, se da una fuerte incorporación de los caracteres europeos al sistema social, religioso, político y económico de América. También influyen en lo cultural e ideológico, lo que repercutirá en una doble visión del mundo. Precisamente, en una menor o mayor medida, este impacto en todos los órdenes marcó a nuestro autor. En él, su condición de mestizo, su doble visión de mundo.
Sus Comentarios reales de los incas, categorizada como crónica, tiene más bien la intención de mostrarnos los hábitos y modos de ser de la civilización incaica, que muchas veces encuentra referencias en cronistas de Indias.
El Inca Garcilaso integrará a su discurso (al menos lo intenta) elementos europeos dentro de la identidad inca. Es una doble inserción de significaciones y realidades. Interesante es (lo señala Edgar Montiel en su enjundioso estudio América en las utopías políticas de la modernidad) que el autor peruano reconoce en el Imperio incaico una civilización, no un pueblo carente de desarrollo. Con estos Comentarios, única forma de defenderlos, de defenderse, se defiende de los cronistas que ofrecían la "versión de una América caníbal, sacrificial, idólatra, déspota y opresiva".
El lenguaje, pues, fue herramienta de inserción cultural. En primer lugar, se maneja en el sincretismo y el enfoque integrador de las dos visiones, la indígena y la española. Luego, es notoria la utilización de elementos ficcionales para lograr, digamos, una asimilación cultural. Y, finalmente, el aporte de los hechos históricos a la consolidación de su pueblo.
El Inca Garcilaso rescata la idea moralista con respecto al inca y su Imperio. En él, todo es integración, dos mundos diferentes se conjugan en uno: la otredad. Esto, al borde de su lealtad cultural, entre poder y grupo dominado, entre mayorías y minorías, entre incas y españoles.