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Crisis en el campo
En la última década la producción de los principales alimentos que consumimos los habitantes de la República de Panamá ha caído sustancialmente. La mayoría de estos productos ha sido reemplazada por alimentos aptos para la exportación o por proyectos turísticos.
Esta es una situación que debe encender las alarmas entre los panameños. Actualmente, Panamá importa cerca del 50% de los alimentos que consume, solo superada por la golpeada Venezuela; y al ritmo que vamos en algunos años seremos incapaces de alimentar a nuestra propia gente.
La caída de la producción nacional no solo pone en peligro nuestra seguridad alimentaria, sino que agrava la dura situación económica y social que enfrentan las principales ciudades del país. Los campesinos que abandonan sus sembradíos emigran hacia la ciudad de Panamá o las cabeceras de provincia, agudizando el desempleo y las carencias en materia de salud, vivienda, educación y, paradójicamente, de alimentación.
Para colmo de males, Panamá no es el único país que enfrenta esta dura realidad, la producción de alimentos en el mundo cada día es menor y más costosa. Esto significa que en un futuro muy cercano tendremos que salir a competir por la adquisición de alimentos en el mercado internacional, en donde las grandes potencias acapararán la mejor producción y seremos víctimas de la especulación internacional.
El problema del agro en Panamá es muy complejo, se origina en el abandono que durante años le prodigaron gobierno tras gobierno. Hacer producir una hectárea resulta muy costoso por el aumento desmedido de los insumos y el equipo, las inclemencias del tiempo, las deudas con las instituciones de crédito, la especulación en el mercado y una serie de distorsiones históricas en toda la cadena de distribución y venta.
Dentro de este panorama desalentador hay productores que en menos hectáreas cultivadas han logrado generar más alimentos. La tecnificación de la producción es el camino que el país debe emprender de manera decidida y sin vacilación. No podemos seguir usando métodos rudimentarios de producción y esperando a que los vaivenes de la naturaleza decidan favorecernos, mientras los problemas que aquejan a los agricultores aumentan de manera vertiginosa.
El tema agropecuario debe ocupar un lugar preponderante y de urgencia en los planes de gobierno de todos los candidatos presidenciales que aspiran a dirigir las riendas de este país. Únicamente un compromiso de Estado con este importante sector de la economía puede salvarnos del abismo que nos espera.
En tiempos modernos la soberanía y la seguridad de una nación no se miden por el pie de fuerza que tengan sus fuerzas armadas, sino por la capacidad que demuestren de satisfacer sus propias necesidades, sobre todo en materia de alimentación. Panamá no puede darse el lujo de convertirse en un país eminentemente importador de alimentos.
Ese es un camino muy inseguro en el que la carencia y la carestía de los productos serán la tónica permanente. Tornemos nuestra mirada al campo y sus problemas, es una tarea ingente e impostergable.