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Independientes
En materia de derechos humanos, especialmente de derechos políticos, el ordenamiento jurídico vigente claramente dispone que toda persona tiene derecho a elegir y a ser elegido para puestos de elección popular, y qué decir en lo que respecta al ejercicio de cargos públicos en general, lo cual está en concordancia con los derechos a las libertades de conciencia y de asociación, por ende, toda persona tiene derecho de escoger libremente el profesar una ideología política o pertenecer a un determinado colectivo y de cambiar cuando lo crea conveniente. Las únicas restricciones existentes están establecidas en la legislación electoral, ya que el sistema político no puede estar sometido a los caprichos, exabruptos, improvisaciones e inseguridades de nadie. En este contexto, no habría ningún problema en entender o aceptar que los independientes tienen el derecho de apoyar a los partidos políticos o de ser postulados por estos a cargos de elección popular, sin embargo, se plantea un problema de tipo lógico y ético.
El vocablo "independiente" tiene varias acepciones. Veamos lo que, sobre esta palabra, nos dice el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua: "Que no depende de otro, autónomo. Que mantiene sus propias opiniones sin hacer caso de los demás. Que no pertenece a ningún partido o doctrina".
Por otra parte, como complemento, el Diccionario Manual de la Lengua Española Vox nos expone lo siguiente: "Que tiene la capacidad de elegir y actuar con libertad y sin depender de un mando o autoridad extraña. Que carece de una relación que haga depender una cosa de otra. Se aplica a la persona que trabaja por cuenta propia. "Ser independiente o candidato de libre postulación, ontológicamente hablando, no está o no debe estar sujeto a los vaivenes de la política tradicional, ni a los lineamientos de los partidos políticos, porque es una opción distinta que constituye un reforzamiento, optimización y perfeccionamiento de la democracia.
Tal vez, para entender más la palabra "independiente" nos serviría situarnos en el significado y alcance de la palabra "independencia". Cuando pensamos en una independencia, nos remontamos a momentos en la historia de los pueblos que, sometidos a un determinado país o sistema, decidieron guardar distancia o liberarse de las influencias de este país o sistema, ya sea por medio de batallas épicas, como de protestas o grandes movilizaciones, para establecer un nuevo país o un nuevo sistema. En este sentido, se pudiese equiparar a los partidos políticos con aquellos "países o sistemas" de los cuales el "pueblo" (los independientes) quieren liberarse o separarse con el fin de hacer las cosas de una forma mejor o distinta, es decir, ser libres de toda opresión.
Los independientes no necesariamente operan bajo esquemas políticos, entiéndase derecha o izquierda, capitalismo o comunismo, sino más bien por medio de movimientos cívicos o ciudadanos, que se aglutinan tras diversas ideologías o motivaciones, ya que estiman que sus aspiraciones no son tomadas en cuenta por la clase política tradicional y/o los factores reales de poder. Al final de cuentas, los independientes solo tienen como impronta "luchar por la causa", y solo estarían dispuestos a rendirles cuentas a sus seguidores, y aunque tuviesen que rendir cuentas a los mecanismos de medición y control, entiéndase la jurisdicción penal, la jurisdicción electoral, la jurisdicción de cuentas y la Contraloría General de la República, principalmente, lo harían sin más remedio, porque son exigencias jurídicas establecidas, ya que consideran que son medios establecidos por el sistema político contra el que luchan, al que consideran corrupto, inestable y opresor.
Los independientes creen más en los torneos electorales, las consultas ciudadanas, las encuestas y las revocatorias de mandato. Resulta extraño, tal vez hasta inmoral, que una o más personas que sean precandidatas por la libre postulación, que habiendo iniciado y/o concluido su proceso de recolección de firmas, y sin contar con el visto bueno de sus adherentes, luego decidan apoyar a tal o cual propuesta partidaria. Esta postura es una distorsión y reviste claros visos de maquiavelismo ("el fin justifica los medios"), oportunismo y corrupción. Hay que hacer una reingeniería profunda, no solo para rescatar el significado y alcance de la libre postulación o de la participación de los independientes, sino para la optimización del sistema democrático, que requiere la elevación de la conciencia ciudadana de manera tal que el pivote de las decisiones de los electores sean los valores cívicos, morales y espirituales, y no las malsanas intenciones de aquellos que solo quieren el poder para la satisfacción de su egolatría e intereses creados.