El Gobierno argentino volvió a privatizar ayer la gestión de la mayoría de las líneas ferroviarias, aunque impuso nuevos controles y un severo régimen de sanciones en caso de incumplimientos a través de una resolución publicada en el Boletín Oficial.
Dos de las líneas que conectan Buenos Aires con su área metropolitana, Mitre y San Martín, serán operadas por Roggio, uno de los grandes grupos en infraestructuras de Argentina y accionista mayoritario de Metrovías, la operadora del metro.
Las dos restantes, las líneas Belgrano Sur y Roca, quedarán en manos del grupo Emepa, una de las empresas que integró la Unidad de Gestión Operativa Ferroviaria de Emergencia que creó el Gobierno cuando nacionalizó la gestión, según se detalla en el documento firmado por el ministro de Interior y Transporte argentino, Florencio Randazzo.
La línea Sarmiento, foco de reiterados accidentes que en los dos últimos años dejaron 54 muertos y centenares de heridos, continuará bajo control estatal a través de la Sociedad Operadora Ferroviaria (Sofse) y a la Administración de Infraestructura Ferroviaria (Adif).
Hemos dispuesto un nuevo régimen de operación que obliga a las empresas a presentar planes anuales sobre las frecuencias de los trenes, su mantenimiento, limpieza de estaciones y calidad de los servicios", afirmó el ministro.