El hoyo negro llamado Universidad de Panamá

Por: Redacción 13/02/2014

Es muy común dentro de los periodos de campaña electoral, que los diversos candidatos presenten una y otra vez, múltiples planes monumentales con los cuales van a resolver todos los problemas de nuestra educación. Seremos un país muy parecido a Finlandia o Noruega; nuestros niños conversarán en al menos tres idiomas; las escuelas serán de primer mundo y otra larga serie de promesas que ya todos sabemos que son solo eso, promesas.
Les voy a dar un dato. No hay forma que un plan para implementar adecuadas políticas públicas sobre educación sea real si no plantea de manera cruda y real, modificar o derogar la actual ley orgánica de la Universidad de Panamá.
Comenzaré por lo más simple: no hay forma que nuestra universidad sea útil para cualquier plan de gobierno que presente la educación como uno de sus pilares si el hoyo negro de nuestro presupuesto nacional llamado Universidad de Panamá sigue ofreciendo carreras que no tienen nada que ver con la realidad laboral de nuestro país.
¿Para qué nuestra primera casa de estudios tiene dos facultades de Ingeniería si ya existe una Universidad Tecnológica que también recibe fondos públicos, y cuyos resultados en cuanto a la calidad de profesionales es incuestionable?
Es increíble que nuestra universidad gradúe cientos y cientos de abogados y arquitectos que finalmente terminan haciendo cualquier cosa, sin ejercer un solo día de su vida las profesiones para la cual el Estado invirtió considerables cantidades de dinero. No es posible que, en nombre de una autonomía universitaria de siglos atrás, se justifique el uso inútil de recursos no focalizados.
Todos sabemos la verdad de la Universidad de Panamá. Santuario de una muy trasnochada izquierda criolla, no es ni cerca un centro de estudios superiores con renombre internacional. No se caracteriza por estudios e investigaciones que tengan resonancia mundial. Nada. Solo se gasta, y se gasta.
No voy a entrar en las consideraciones pequeñas sobre sus funcionarios y autoridades. Está claro que la forma de elegir a los mismos no es democrática, por más que así nos lo traten de vender con un ejercicio muy distante de proporcionalidad.
Lo que sí es claro es que la Universidad de Panamá refleja a nuestra sociedad. Así vemos cómo las multinacionales prefieren, dentro de sus respectivas plantas ejecutivas, a jóvenes graduados de universidades foráneas, y dejan a nuestros graduados los puestos secundarios y otros menos relevantes.
NO HAY FORMA QUE UN PLAN PARA IMPLEMENTAR ADECUADAS POLÍTICAS PÚBLICAS SOBRE EDUCACIÓN SEA REAL SI NO PLANTEA DE MANERA CRUDA Y REAL, MODIFICAR O DEROGAR LA ACTUAL LEY ORGÁNICA DE LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ.
Hay que refundar la Universidad de Panamá, comenzando por su ley orgánica. Lo mismo que sus autoridades y sobre todo, muy sobre todo, su razón de ser en la sociedad panameña.
El Gobierno Nacional y la sociedad productiva de nuestro país deben definir el rumbo de la misma desde la materia prima,  el recurso humano que es producido por la Universidad de Panamá y la Universidad Tecnológica. Y esta última, con excelentes resultados, lo haría mejor si se le pudiera aumentar a la misma con montos que en este momento utiliza la primera con resultados, al menos, poco alentadores.
Sin duda, en el pasado nuestros políticos solo han planteado los temas educativos concentrando las propuestas en temas para el nivel primario y secundario. Y lo hacen porque así evitan los cuestionamientos por parte de los “líderes” estudiantiles que, ante la posibilidad de perder sus privilegios, que en muchos casos les permiten vegetar por los pasillos universitarios durante décadas sin obtener un título de nada, arman estos foros para, a manera de presión, obligar a los que intenten plantear ideas como la que yo presento, a no tocar el estatus actual.
Sí, es muy complicado que bajo nuestra situación política iniciada a finales de 1989 se pueda lograr por las buenas una refundación pacífica de dicho centro de estudios superiores.  Pero la magnitud de no hacerlo es igual a no haber llevado adelante reformas estructurales como de la Caja de Seguro Social o la reforma tributaria, entre otros.
Por lo todo lo anterior, todos los actos en los que nos presenten grandes reformas a la educación y no incluyan a la Universidad de Panamá y una real refundación de la misma de manera íntegra son simples propuestas electoreras. Y así nos tienen desde 1979, que fracasó la última propuesta real de reforma educativa. Exijamos valentía y planteamientos integrales a nuestros políticos cuando nos hablan de mejorar la educación de nuestro país. O lo hacemos, o Panamá será reconocido internacionalmente como el sitio donde solo los extranjeros pueden dirigir las grandes empresas. De nosotros depende que esto no ocurra, de nadie más.