Bachelet asume y promete grandes transformaciones

  • 23 ministros de Estado de diversos sectores forman parte de la nueva administración.

Un gabinete que mezcla jóvenes figuras con unos ‘pesos pesados’

  • La presidenta chilena, Michelle Bachelet, tomó juramento a los ministros de su gobierno, entre los cuales hay jóvenes figuras que han tenido poca presencia pública hasta ahora y pesos pesados en carteras clave como Educación, Relaciones Exteriores y Energía.
  • De los 23 designados con rango de ministro, nueve son mujeres.
  • El ministro del Interior, Rodrigo Peñalillo, de 39 años, pasó de asesor de mayor confianza de Bachelet a ser el jefe político de su gobierno.
  • Peñalillo ha estado ligado a buena parte de los nombramientos ministeriales, inclusive los fallidos, pues hubo designados para puestos de subsecretario que renunciaron a asumir el cargo debido a las críticas que recibió su nombramiento.
  • Para tareas altamente complejas, como la reforma a la educación, que es un eje central del programa de Bachelet, se eligió al exministro de Hacienda Nicolás Eyzaguirre, un experimentado economista que hasta hace poco se desempeñó en el FMI.

Michelle Bachelet, la primera mujer que es reelegida presidenta de Chile, asumió el poder para iniciar un nuevo gobierno, cargado de promesas para realizar profundos cambios sociales y políticos, en un país que ha cambiado notoriamente desde su primer mandato.

Bachelet recibió la banda presidencial de manos de Isabel Allende, hija del fallecido presidente Salvador Allende y la primera mujer en la historia de Chile en presidir la Cámara alta, otro signo de los nuevos tiempos que corren en Chile.

“En este tiempo Chile se ha mirado a sí mismo y ha decidido que es momento de iniciar transformaciones de fondo. La victoria de esta jornada es un sueño colectivo que triunfa”, dijo Bachelet.

De acuerdo con la tradición, el ahora expresidente Sebastián Piñera colocó a la banda presidencial de Bachelet la piocha de O’Higgins, una estrella de cinco puntas que es una réplica de la original, que se perdió durante el bombardeo al Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973.

Piñera abandonó el salón en medio de una ovación cerrada de los presentes, entre los que se encontraban más de una veintena de jefes de Estado y de Gobierno.

Una vez fuera del Congreso, y rompiendo el protocolo, Piñera se subió al volante de un automóvil y abandonó el recinto con su esposa, Cecilia Morel, como copiloto.

Un mandato difícil

Pero lo que le espera a la presidenta no se perfila para nada fácil. Su gobierno partirá con una economía en clara desaceleración, en el que difícilmente se mantendrán las altas tasas de empleo alcanzadas durante la administración de su antecesor, el derechista Sebastián Piñera.

Ello, combinado con altas expectativas sociales que, en parte, fueron alimentadas por la propia Bachelet en su campaña, pero que venían desde mucho antes y que se manifestaron ruidosamente en las calles en 2011, cuando los estudiantes levantaron sus exigencias de una educación gratuita y de calidad.

La exdirectora de ONU Mujeres también ha cambiado. Ahora sonríe menos, guarda más silencio y permanece rodeada de un estrecho “círculo de hierro”, que está atento a cualquier acceso que alguien desee tener a ella.

“Siempre he sido madura y seria, pero sigo siendo superalegre”, reconoce la hoy mandataria.

Aunque su aura haya mutado, no es timidez o inseguridad precisamente lo que irradia. Por el contrario, la nueva Michelle se muestra más decidida a impulsar grandes cambios en un país menos tolerante con la desigualdad.

Con un programa que despertó severas críticas de la derecha gobernante, Bachelet quiere reemplazar la Constitución heredada de la dictadura de Augusto Pinochet, garantizar la educación gratuita y de calidad y subir los impuestos a las empresas de un 20% a 25%.

La propia presidenta ha reconocido que su proyecto es ambicioso, pero tiene a su favor una gran popularidad y los buenos resultados que la Nueva Mayoría obtuvo en las últimas parlamentarias, que le dan mayoría en ambas cámaras del Congreso.

Bachelet, en todo caso, tiene experiencia en enfrentar escenarios cuesta arriba.

El camino recorrido no ha sido fácil para esta médico cirujana, pediatra y epidemióloga de la Universidad de Chile, de 62 años, que domina seis idiomas, se casó dos veces, está separada y es madre de tres hijos.

Superando iniciales reticencias, Bachelet incluso ha logrado incorporar a su proyecto un grupo de jóvenes diputados elegidos recientemente que hasta hace poco lideraron el movimiento estudiantil.

Por eso, hay quienes auguran que su presidencia será “potente” e “intensa”.

“Su gobierno será el más difícil desde Allende y su programa el más transformador desde entonces”, comenta un cercano colaborador.

Ella, con una tranquilidad que muchas veces irrita a sus adversarios, no muestra temor frente a los nuevos desafíos que se ha impuesto.

“Tengo experiencia para conducir este proceso con responsabilidad y gobernabilidad, porque nadie quiere una crisis en el país”, aseguró.


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Santiago de Chile (EFE)
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