Pocos lectores debe de haber en el mundo tan apasionados como el argentino-canadiense de ascendencia judía Alberto Manguel, quien acaba de publicar en inglés, "A Reader on Reading".
Hijo de diplomático y hombre de mundo que vive actualmente en una vieja casa de piedra parroquial en una pequeña localidad del valle del Loire (Francia) en cuyo granero aloja su biblioteca de 30.000 volúmenes, Manguel ha dedicado toda su vida a los libros: a leerlos y a escribir sobre ellos y sus circunstancias.
Su última obra, "A Reader on Reading" (literalmente: Un lector en torno a la lectura), editada por Yale University, es una colección de ensayos sobre una actividad que parece ocuparle toda su vida consciente y poblar también sus sueños.
Para el autor del "Diccionario de los Lugares Imaginarios" y "Una historia de la lectura", por citar dos de sus libros anteriormente traducidos al castellano, la lectura es lo que nos define como especie.
"Llegamos al mundo dispuestos a encontrar una narrativa en todo: en el paisaje, en los cielos, en los rostros ajenos y por supuesto en las imágenes y palabras que crea nuestras especie", ha escrito Manguel.
Los treinta y nueve ensayos que componen el libro tratan los tópicos más diversos: la condición de judío, los "desaparecidos" en Argentina, la ceguera de Homero, el Quijote, las traiciones y virtudes de la traducción, la muerte del Che, la literatura erótica, el editor como censor, la historia de la página, el Pinocho de Collodi, la lectura en silencio o el futuro del libro y las bibliotecas con la llegada del libro electrónico.
Y sobre el volumen planea, como siempre en Manguel, la sombra inmensa de José Luis Borges, a quien Manguel conoció de adolescente mientras trabajaba un verano en la librería Pygmalion de Buenos Aires, de la que el gran escritor era cliente habitual.
Borges, que tenía 58 años y estaba casi ciego, pidió entonces a Manguel que le leyera libros en su apartamento, algo que éste procedió a hacer varias veces por semana entre 1964 y 1968.
Algunos de los ensayos más interesantes de este volumen de trescientas páginas están dedicados precisamente al autor de "La Historia Universal de la Infamia".
Entre ellos hay que destacar el titulado "Borges enamorado", uno de los más largos, que cuenta el amartelamiento del escritor por su compatriota Elena Canto, a quien había conocido en 1944 en casa de Bioy Casares y su esposa Silvina Ocampo.
Borges dedicó a Canto uno de sus relatos más famosos, "El Aleph", "la historia del lugar que es todos los lugares", como él mismo le definió en una de las postales que escribió a su amada, y años después, la propia Canto contaría a Manguel varios episodios de aquella relación.
A lo largo de su vida casi centenaria, Borges se enamoró "con paciente regularidad, con la misma regularidad con la que sus planes acababan en nada", recuerda Manguel, según el cual aquél "envidiaba las alianzas literarias" que ambos encontraban en sus lecturas.
Los nombres de las mujeres amadas en algún momento de su vida por Borges pueden "espigarse" en las dedicatorias de sus cuentos y poemas: Estela Canto, Haydée Lange, María Esther Vázquez, Ulrike von Kuhlmann, Silvina Bullrich, Beatriz Bibiloni, Sara Dielhl de Moreno Hueyo, Margot Guerrero, Cecilia Ingenieros, "todas únicas y todas insustituibles", como dijo Bioy Casares.
Manguel recuerda cómo una noche, mientras comían en un restaurante de hotel, Borges le expresó su fe literaria en "el misterio de las mujeres y el destino heroico de los hombres" y, comenta aquél, Borges se sentía incapaz de "recrear ese misterio" en sus páginas: con muy pocas excepciones, las pocas mujeres que aparecen en sus cuentos no son "personajes de derecho propio" y sino sólo dientes del engranaje del argumento.
"Por el contrario, escribe Manguel, los hombres cumplen sus heroicos destinos con determinación, sin saber casi nunca si han logrado algo, conscientes pocas veces de haber fracasado".
Todos los capítulos de "A Reader on Reading" van precedidos de una cita de "Alicia en el País de las Maravillas", de Lewis Carroll, junto a Cervantes y el gran Dante, uno de los autores favoritos de Manguel, así como de una preciosa ilustración de la edición original de 1865.
Joaquín Rábago