Tres hurras por Unicef
A diferencia del Informe Nacional de Desarrollo Humano de Panamá de 2014, publicado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), bajo el título “El Futuro es Ahora” y escrito bajo la influencia de la teoría neoliberal de James Heckman, en el que ni siquiera queda claro qué hacer con los niños entre los 6 y 14 años de edad, la “Agenda por la Niñez” promovida por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), constituye una propuesta completa, coherente y centrada en los derechos humanos, la cual tiene la capacidad de guiar con certeza el conjunto de las políticas públicas orientadas a fortalecer el desarrollo integral de los niños, niñas y adolescentes de nuestro país. La misma se presenta en diez importantes aspectos, en los que se destacan las situaciones de carencia existente y los lineamientos para superarla.
El primer aspecto que propone la “Agenda por la Niñez” subraya la necesidad de tener la suficiente voluntad política para atender efectivamente las necesidades de los niños, niñas y adolescentes del país asegurando, por esta vía, el futuro de nuestra nación.
En la agenda se advierte sobre la insuficiencia de los recursos públicos destinados a entender esta problemática, y sobre la importancia de desarrollar políticas universales de servicios de calidad y con perspectivas de género, las que junto con la suficiente asignación de recursos para atender las necesidades de la población menor de 18 años, logren establecer una verdadera equidad social en este importantísimo segmento de la población. Estaríamos, entonces, aprovechando la llamada ventana demográfica, realizando la más importante inversión en el desarrollo que puede hacer el país.
Una vez establecido este principio, la “Agenda por la Niñez” prioriza cuatro áreas básicas de acción, las cuales están altamente interrelacionadas entre sí. En el caso de la educación, se propone elevar el gasto público, con la finalidad de lograr una efectiva universalización del derecho a la educación, lo que implica, a nuestro juicio, que todo niño y adolescente en edad de estar dentro del sistema debe recibir una educación pública gratuita y de calidad. Más aún, se trata no solo de formar personas con capacidad productiva, si no de formar ciudadanos conocedores de sus responsabilidades y derechos. Esta iniciativa se acompaña con una visión basada en la llamada Estrategia de Atención Primaria de Salud guiada a “fortalecer los servicios de salud del Estado con un enfoque en la atención preventiva y primaria para la niñez y la adolescencia”. En el área de la alimentación se propone como objetivo una significativa mejora en la calidad de la nutrición y alimentación de los niños, niñas y adolecentes”, basada en los criterios de la seguridad y soberanía alimentaria. Así mismo, la iniciativa plantea la reducción de la pobreza infantil y adolescente, la cual además de asegurar los bienes materiales indispensables para el desarrollo integral, busca establecer las condiciones que permitan el adecuado funcionamiento de la crianza, cuidado y desarrollo positivo con identidad de niños, niñas y adolecentes.
No menos importante en la “Agenda por la Niñez” es la meta de erradicar de nuestro país el trabajo infantil. No queda duda de que es una vergüenza nacional que hasta en nuestras estadísticas laborales oficiales se incluya como algo normal dentro de la población económicamente activa a niños y niñas de 15 años, mientras que en los Censos Nacionales se haga lo mismo hasta con niños y niñas de 10 años.
Dos objetivos de la agenda que también están especialmente vinculados entre sí son la necesidad de hacer un especial esfuerzo por promocionar una visión en positivo de la adolescencia, que haga visible y apoye sus esfuerzos y aspiraciones, así como la importancia que tiene el logro de un contorno sin violencia para la niñez. Aquí deporte y arte juegan un papel importante.
La agenda, desde un punto de vista institucional, se plantea, a fin de defender más eficazmente los derechos de la niñez y los adolescentes, el objetivo de “aprobar e implementar un código de la niñez y la adolescencia”. Así mismo, con un alto sentido práctico, para que los compromisos sean reales y exigibles y poder aprender de la práctica, se propone finalmente que se establezca “un sistema de gestión, monitoreo y seguimiento para las políticas de niñez y adolescencia”.
Definitivamente nos encontramos frente a un importante documento, el cual marca una ruta fundamental para el verdadero desarrollo humano sostenible del país, al cual todo panameño de buena fe tiene la obligación de adherirse. Frente al esfuerzo que debe haber conllevado su elaboración y promoción solo nos queda decir: tres hurras por Unicef.