Nuestros hermanos sufren
Igual que lo sufrimos los panameños en aquel tiempo negro del país, ahora nuestros hermanos venezolanos pasan por momentos difíciles que ojalá tengan un final feliz para todos, porque así como fueron para nosotros 21 largos años de dictadura, para ellos también son suficientes para que se acabe la tragedia. No podía dejar pasar sin dar mi humilde opinión al respecto porque la situación ha tocado a nuestro país, y si no abrimos los ojos y nuestras autoridades no se plantan como deben hacerlo, aquel señor que no tiene ningún valor para decir y menos para insultar nos perjudicará enormemente.
Lo que Nicolás Maduro ha hecho a nuestro presidente, lo hace a todo el país, y me alegro mucho de que algunos políticos así lo hayan comprendido dando apoyo al presidente Martinelli por la situación propugnada por aquel señor. Lo peor que veo en todo esto es que su objetivo principal no ha sido defender a su pueblo al que sojuzga inmisericordemente, sino la situación económica que los asfixia y la deuda que tienen con la empresa privada panameña y los está perjudicando. Es una falta de todo valor y honestidad decir que nuestro presidente y nuestro país se han inmiscuido en asuntos internos del suyo.
¡No, señor Maduro! Lo que nuestro presidente hizo fue llamar a la cordura porque los muertos que aquel ha provocado no resucitarán y la forma indigna en que viven actualmente los venezolanos, ni siquiera nosotros la vivimos en nuestros malos tiempos. Por esto consideró el señor Martinelli su obligación como país hermano, pedir paz y diálogo como el mejor camino para solucionar la crisis actual. Pero el deseo de poder y el no querer perderlo, y la ignorancia e incapacidad para manejar esta situación, lo ha llevado a un extremo que es inconcebible. ¿Con qué derecho exige disculpas por algo que no lo merece? ¿Será que se ha vuelto loco? Sin embargo, lo más llamativo es que nuestros comunistoides, porque no llegan a la categoría de comunistas, ni siquiera han dicho esta boca es mía para apoyar al país que ha sido ofendido. Y no lo van a decir porque, según dicen por allí, ellos reciben ayuda económica de Venezuela para sus movimientos. Si realmente quisieran a Panamá, le hubieran dado su respaldo. Pero ellos solo se quieren a ellos mismos, a las prebendas que siempre han tenido como dirigentes sindicales que viven muy bien a costa de los sindicatos y no trabajan más que para sus propios intereses.
Todavía no he visto a casi nadie de nuestros hermanos latinos apoyar la solicitud que hicimos ante la OEA. Entiendo que los surrupios plegados a Maduro no lo hagan. Pero dónde están los demás. La diplomacia nos lleva a lo que nos sucedió a los panameños cuando recurrimos a esa institución y aún recuerdo cuando nos manifestamos frente al hoy hotel Sheraton, donde estaban reunidos y no logramos nada porque la OEA es una institución inservible y que no defiende a quien debe defender, sino a quien ataca y subyuga a sus ciudadanos, los persigue y los mata. Allí sí está la bendita OEA que debiera ser eliminada para siempre.
Nadie sabe lo que es dirigir un movimiento y no encontrar apoyo para el mismo, sobre todo cuando es merecido, porque los venezolanos merecen vivir en democracia y libertad como lo hacemos nosotros, y aquellos que hablan tonterías, solo tienen que leer los periódicos y escuchar radio y ver televisión para darse cuenta de la libertad de expresión que el gobierno les permite, que le dicen de todo al presidente y él nunca lo ha prohibido; solo no se permite lo que los dueños de esos medios no quieren que se publique. Ellos sí violan la libertad de expresión porque siguen exclusivamente la política que esos señores desean y ordenan publicar. Vivir en libertad y democracia consiste en comportarse con decencia, honestidad y valores, en todo momento, para dar al país esa madurez que necesitamos y sentir que nos comportamos como buenos ciudadanos; es vivir con el respeto a la ley, luchar contra la corrupción y dar ejemplos de hombría de bien en nuestras actuaciones que empezarían por la familia y seguirían por lo público para demostrar que somos verdaderamente dignos de ese sistema de gobierno.