Después de más de 10 meses de esfuerzos infructuosos, el primer ministro libanés, Tamam Salam, logró formar un gobierno de unidad nacional para tratar de sacar al país de la actual crisis de seguridad y polarización social, agravada por la guerra en la vecina Siria.
Salam, que fue designado por consenso el pasado abril, pero que debido a las divergencias entre las fuerzas políticas no había conseguido constituir hasta ahora el Gabinete, destacó que el objetivo es reanudar el diálogo nacional.
En un breve discurso, este político moderado afirmó que el Ejecutivo se aleja del sectarismo religioso, algo fundamental en un momento de frecuentes enfrentamientos entre suníes y chiíes y de atentados terroristas.
El nuevo Ejecutivo, integrado por 24 ministros, engloba por igual a representantes de las dos coaliciones políticas rivales: las Fuerzas del 8 de Marzo, lideradas por el grupo chií Hizbulá, y las Fuerzas del 14 de Marzo, encabezadas por el ex primer ministro Saad Hariri.
Cada una de estas alianzas se adjudicó ocho carteras, y las otras ocho fueron a parar a los considerados como centristas o neutros, partidarios del presidente Michel Suleiman, de Salam y del jefe druso Walid Yumblat.
Solo ha quedado excluido el partido Fuerzas Libanesas de Samir Geagea, que rechazó entrar en un Gabinete con miembros de del grupo Hizbulá.