Conocer nos hace recapacitar

Por: Redacción 16/02/2014

Cuando tenemos la oportunidad de conocer nuevos rincones siempre se aprende algo nuevo. Trabajar en otras latitudes es en ocasiones el mejor pretexto para viajar y que la familia nos acompañe. Visitamos rincones cercanos a Barcelona, donde encontramos lugares paradisiacos que se esconden para que pocos privilegiados los descubran.

Por razones de negocio debía viajar a Barcelona y visitar 3 fábricas en los alrededores con las cuales estamos trabajando hace algún tiempo y donde era necesario revisar las nuevas tendencias, productos y alternativas para nuestros clientes en Panamá, un viaje relámpago que exigía en solo cinco días viajar 20,000 kilómetros, visitar proveedores, absorber las nuevas ideas y productos para mantenerse a la vanguardia y no dejarse desplazar por los competidores.

Con tan pocos días, me di a la tarea de programar cada una de mis citas, con horarios y personas claves, con agenda y con decisiones por tomar, además de llevar un plan que nos permitiera avanzar y cubrir todos los puntos para volver con buenas armas al territorio de batalla.

Trabajar con proveedores de otras latitudes puede ser para muchos un gran riesgo; sin embargo, y para evitar esta incertidumbre, uno debe conocer a los socios comerciales de forma directa, tanto a propietarios, directivos y operarios, de esa forma puede identificar si está trabajando con empresas sólidas o si en algún momento estas desaparecerán y lo dejarán con todo montado, sobre todo si tu servicio final depende de otros.

Este fue un viaje espectacular, llegar a Barcelona y sumergirse en el mundo de Gaudi, Dali, Las Ramblas, su cocina, la Sagrada Familia, el Camp Nou, la Plaza Cataluña, Maremagnum, el Acuario y la Plaza Real, lugares que siempre debe visitar. El resultado fue 100% favorable.

Barcelona es bello, pero hoy les hablaré de dos rincones por demás dignos de volver una y otra vez, el primero se llama Torello, un pueblo ubicado a 1 hora en auto desde Barcelona, rodeado de paisajes y pequeños comercios destinados a la fabricación del mueble, con un poco más de 13,000 personas y donde usted se topa con la iglesia de Montserrat y el Santuario de Rocaprevera como vecinos de Torello, a los torellonenses se les llama pescallunes.

Su gastronomía es exquisita, hay que remarcar que también es muy conocida por su famoso Carnaval, que se suele celebrar a caballo de los meses de febrero y marzo. En estas fiestas hay 3 partes que resaltan: el pullassu (anteriormente conocida como una noche de brujas) y las senyoretes y la cabalgata de Carnaval, la cual se ha vuelto tan popular que atrae a más de 75,000 personas, según los orgullosos residentes.

A poco más de 45 minutos llegamos a Tortella, diminuto pueblo de casi 800 habitantes nos encontramos en un rincón por demás paradisiaco, por un lado los pirineos, por el otro valles verdes que le dan impulso a una agricultura prolífera y a la especialidad en el ganado porcino, en verdad si usted quiere comer realmente fresco, el lugar es Tortella.

Basta caminar sus angostas calles de doble vía, donde el ancho es suficiente para susurrar palabras entre los vecinos, por supuesto todos se conocen, es como una gran familia en la que la buena atención y la educación predominan por encima de cualquier industria. Fuimos atendidos mejor que en otros destinos turísticos, acogidos por el calor y sencillez de su gente, por el gusto de la madera y por el arte de talle a mano, aún cuando la temperatura roza los 2° centígrados.

Visitar sus talleres de mobiliario es como volver siglos atrás y conocer a los amantes de la madera, donde tallarla es un arte y después vestirla con piel, tela, cuerina o cualquier acabado sintético. En Tortella la gastronomía es rica en carne de puerco, embutidos, tocinos, garbanzos. La tortilla española no puede faltar, lo que da ese toque de universalidad en cada uno de los pueblos y ciudades que visitamos, este plato es el sello que en muchos países los caracteriza.

Después de 3 días, volver a Barcelona y encontrarse con su modernidad es contrastante; pese a su crisis de empleo y la baja en el mercado inmobiliario, la ciudad es vibrante y cordial, los lugareños en busca de alternativas comerciales, aún con muy bajas temperaturas, soportan frías brisas por la noche, pero sin perder el excelente humor y sonrisa que define a una ciudad preparada para el turismo.

Los taxistas parecen enciclopedias, enterados perfectamente de la problemática en la construcción del Canal y con un legítimo orgullo por las obras de sus maestros del arte y la cultura.

Hoy Panamá vive un desempleo de solo 3.5% y con un mercado inmobiliario en continuo crecimiento, los invito a hacer un alto y pensar si no estamos muy cómodos con lo que tenemos y lo peligroso que es confiarse de que las cosas sigan bien, en España los años de bonanza duraron mucho tiempo y nadie previó este momento. Apreciemos más nuestro trabajo y las oportunidades, sigamos forjando un mejor Panamá.

¡Ahhh! se me olvidaba, me encantó la cortesía del personal de migración en Barcelona…, ¡lástima que eran fanáticos del Real Madrid!