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Herencia cultural griega: historia de la educación humana
La educación es una función tan natural y universal de la comunidad humana, que por su misma evidencia tarda mucho tiempo en llegar a la plena conciencia de aquellos que la reciben y la practican. Así, su primer rastro en la tradición literaria es relativamente tardío. Su contenido es en todos los pueblos aproximadamente el mismo y es, al mismo tiempo, moral y práctico. Tal fue también entre los griegos. Reviste en parte la forma de mandamientos, tales como honra a los dioses, honra a tu padre y a tu madre, respeta a los extranjeros.
ENTENDEMOS POR CULTURA LA TOTALIDAD DE MANIFESTACIONES Y FORMAS DE VIDA QUE CARACTERIZAN UN PUEBLO. LA PALABRA SE HA CONVERTIDO EN UN SIMPLE CONCEPTO ANTROPOLÓGICO DESCRIPTIVO...
En parte, consiste en una serie de preceptos sobre la moralidad externa y reglas de prudencia para la vida, transmitidas oralmente a través de los siglos; en parte, en la comunicación de conocimientos y habilidades profesionales, cuyo conjunto, en la medida en que es transmisible, designaron los griegos con la palabra techné. El rico tesoro de la sabiduría popular, mezclado con primitivas reglas de conducta y preceptos de prudencia arraigados en supersticiones populares, llegó, por primera vez, a la luz del día a través de una antiquísima tradición oral, en la poesía de Hesíodo.
Las reglas de las artes y oficios resistían, naturalmente, en virtud de su propia naturaleza, a la exposición escrita de sus secretos, como lo pone de manifiesto la colección de los escritos hipocráticos.
Se pudiera decir que nuestra historia comienza en Grecia; no obstante, conviene que alcancemos clara conciencia del sentido en que en este caso empleamos la palabra “historia”. Historia significa, por ejemplo, la exploración de mundos extraños, singulares y misteriosos. Así la concibe Heródoto. Con aguda percepción de la morfología de la vida humana, en todas sus formas, nos acercamos también hoy a los pueblos más remotos y tratamos de penetrar en su propio espíritu. Pero es preciso distinguir la historia en este sentido casi antropológico, de la historia que se funda en una unión espiritual viva y activa en la comunidad de un destino, ya la del propio pueblo o la de un grupo de pueblos estrechamente unidos.
Solo en ella existe una comunidad de ideales y formas sociales y espirituales que se desarrollan y crecen independientemente de las múltiples interrupciones y variaciones a través de las cuales una familia de pueblos de distintas razas y estirpes varía, se entrecruza, choca, desaparece y se renueva. Esta comunidad existe entre la totalidad de los pueblos occidentales y entre estos y la Antigüedad clásica.
Hoy estamos acostumbrados a usar la palabra cultura, no en el sentido de un ideal inherente a la humanidad heredera de Grecia, sino una acepción mucho más trivial que la extiende a todos los pueblos de la tierra, incluso los primitivos. Así, entendemos por cultura la totalidad de manifestaciones y formas de vida que caracterizan un pueblo. La palabra se ha convertido en un simple concepto antropológico descriptivo.
No significa ya un alto concepto de valor, un ideal consciente. Con este vago sentimiento analógico nos es permitido hablar de una cultura china, india, babilonia, judía o egipcia, a pesar de que ninguno de aquellos pueblos tenga una palabra o un concepto que la designe de un modo consciente. Claro es que todo pueblo altamente organizado tiene una organización educadora. Pero “la Ley de los Profetas” de los israelíes, el sistema confuciano de los chinos, el “dharma” de los indios, son, en su esencia y en su estructura espiritual, algo fundamentalmente distinto del ideal griego de la formación humana.
EL PUEBLO GRIEGO TRASMITIÓ, SIN DUDA ALGUNA, A LA POSTERIDAD UNA RIQUEZA DE CONOCIMIENTOS IMPERECEDEROS EN FORMA IMPERECEDERA.
Podemos ahora determinar con mayor precisión la peculiaridad del pueblo griego frente a los pueblos orientales. Su descubrimiento del hombre no es el descubrimiento del yo objetivo, sino la orientación paulatina de las leyes generales que determinan la esencia humana. El principio espiritual de los griegos no es el individualismo, sino el “humanismo”, para usar la palabra en su sentido clásico y originario. El pueblo griego transmitió, sin duda alguna, a la posteridad una riqueza de conocimientos imperecederos en forma imperecedera.
Concluyamos: Los grandes hombres de Grecia no se manifestaron como profetas de Dios, sino como maestros independientes del pueblo y formadores de sus ideales.