Medida
- La débil demanda subraya de nuevo el que las subidas salariales han sido casi inexistentes desde que Abe llegó al poder en diciembre de 2012, algo que unido a la inflación que comienza a registrar el país amenaza con ahogar uno de los motores de crecimiento.
La publicación de datos que muestran una ralentización del crecimiento en Japón desató ayer nuevas dudas sobre la estrategia económica del primer ministro Shinzo Abe y planteó la posibilidad de que el país active un programa de estímulo adicional.
Aunque en todo 2013 el país creció un 1.6%, el mejor dato en tres años, y en octubre-diciembre avanzó por cuarto trimestre consecutivo, el ritmo al que lo hizo resultó muy inferior en relación con el primer tramo del año.
Decepcionante ha sido el adjetivo más empleado por analistas, tras la publicación de los datos del producto interior bruto (PIB) de Japón, que creció en octubre-diciembre un 0.3% con respecto al trimestre anterior, por debajo del 0.7 que esperaba la mayoría de expertos.
Del mismo modo, a ritmo anual, la tasa de crecimiento fue del 1%, frente al 2.6-2.8 que muchos predecían.
La expansión de las exportaciones, uno de los pilares de la economía nipona, fue de apenas un 0.4% intertrimestral frente al avance del 3.5% de las importaciones.
Por su parte, el gasto de capital de las empresas, un componente clave para el crecimiento de Japón, avanzó por tercer trimestre consecutivo, pero lo hizo también por debajo de lo esperado; un 1.3%. Y ante todo, el consumo privado, que compone un 60% del PIB, avanzó apenas un 0.5%. El dato preocupa cuando se tiene en cuenta que teóricamente los japoneses debían gastar más en el último tramo de 2013.