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Un noble recuerdo
No debiera cerrarse el ciclo de homenajes a la iglesia Santa María la Antigua del Darién sin registrar los graves conflictos humanos y sociales que a su sombra se desencadenaron. Construida con materiales del hábitat selvícola, la iglesia fue la extensión de la ciudad Santa María la Antigua y se constituyó como centro del culto a los cristianos y evangelización de los naturales.
Los pobladores de la ciudad fueron protagonistas y testigos del conflicto entre Diego de Nicuesa y Vasco Núñez de Balboa por la gobernación del primer centro urbano darienita. Nicuesa aseguraba que la zona correspondía a la tierra que le entregaba una capitulación real, mientras que Balboa fue elegido gobernador en un cabildo abierto por los moradores.
Después de numerosas peripecias, los moradores rechazaron las pretensiones de Nicuesa y le obligaron a embarcarse en un bergantín y no se supo de su suerte en el mar. Cuando llegó a Santa María la Antigua en 1504 la expedición al mando de Pedrarias Dávila, continuaba Balboa como gobernador. Traía órdenes de prisión contra Balboa, mas no pudo hacerlo porque, además de gobernador, fue nombrado Adelantado de la Mar del Sur por el descubrimiento del Pacífico.
El obispo Juan de Quevedo, como autoridad eclesiástica, se esforzó en implantar la fe cristiana y apaciguar los ánimos de Pedrarias y Balboa. Desde el principio fue descomunal la labor de Quevedo. Cerca de 700 hidalgos españoles murieron en un mes por enfermedades, principalmente por falta de alimentos, en tanto que Pedrarias y sus cortesanos disfrutaron las raciones de comida y bebidas que no ayudaron a los nobles.
El obispo Juan de Quevedo, más adelante, comprobó, horrorizado, que la convivencia entre españoles y darienitas cultivada por Balboa desaparecía con las expediciones ordenadas por Pedrarias contra las aldeas arrasadas a sangre y fuego. Miles de indígenas fueron sometidos a trabajos esclavizantes para labrar la tierra.
La expedición de Pedrarias llevó aristócratas; no labriegos. No hubo maíz para alimentar a la población que, en poco tiempo, con la llegada de la expedición de Pedrarias, duplicó Santa María la Antigua. El prelado envió a la Corte española un largo y pormenorizado relato de los descaecimientos provocados por Pedrarias. Desde entonces la Iglesia defendió a los oprimidos por los ambiciosos conquistadores. Sin embargo, Beatriz de Bobadilla, esposa de Pedrarias, se valió de influencias políticas y de regalos suntuosos para bloquear el informe escalofriante de fray Quevedo al Consejo de Indias sobre las desdichas de Castilla del Oro.
Al verificar que el informe había desaparecido, el obispo Quevedo decidió marchar a España en compañía del cronista Gonzalo Fernández de Oviedo. Sus denuncias, sumadas a las de Fray Bartolomé de las Casas, abrieron los ojos sobre los espantosos sucesos de Castilla del Oro. La Corona decidió reemplazar a Pedrarias. El nuevo gobernador Lope de Sosa murió sin ocupar el cargo. Pedrarias recuperó la gobernación. Sin embargo, en ese lapso arremetió con más fuerza contra Balboa, Quevedo, Fernández de Oviedo, y todos los que se opusieron a su reinado del terror.
La iglesia de Santa María la Antigua fue consumida por las llamas cuando Pedrarias ordenó la desaparición de la ciudad. Esta es la historia trágica de la primera iglesia católica de tierra firme.