De regreso a clases: la tarea de la lonchera

Recuerdo claramente mis años de pequeña, en los meses de vacaciones y cuando en algún momento de ocio, recostada frente a la televisión, aparecía el primer comercial de zapatos escolares anunciando la llegada de ese temido primer día de clases. En la mente de una pequeña ese anuncio podía ser sumamente deprimente y triste, ya que anunciaba el fin de los más divertidos días del año.

En retrospectiva y ahora que soy adulta, obviamente he comprendido que definitivamente esos son los mejores momentos de la vida, en los que las únicas responsabilidades (como bien repetía mi mamá en innumerables ocasiones) son primero estudiar y segundo divertirse por doquier.

Cero preocupaciones acerca de cuentas por pagar, carrera que estudiar, futuro que planificar, etc. Incluso en esos años la teníamos más suave que los niños de ahora, ya que normalmente el periodo de vacaciones duraba alrededor de 4 meses (mucho más que ahora) y además como no existía el terrible tranque que nos aqueja en estos días, no debíamos madrugar de la manera en que lo hacen muchos niños hoy, que para poder obtener unas 8 horas de sueño, deben estar en cama casi desde las 7 p.m.

Creo que estos comerciales que anuncian la llegada escolar, en realidad, a los que probablemente más atemorizan en estos días son a las mamás y papás que además de sus responsabilidades diarias de trabajo, una vez iniciado el periodo escolar, tienen que pensar en volver a estudiar lecciones de primaria, hacer tareas, hacer manualidades, (porque seamos honestos, son los papás quienes siempre terminan haciendo estas), lidiar con el tráfico incrementado de estos días, y además pensar semanalmente en qué poner en la lonchera para la merienda de los niños.

Este tema de la lonchera requiere de toda una logística, porque ahora que somos muchos más conscientes de la importancia de los alimentos que les damos a nuestros niños, se vuelve más complicada.

Constantemente escucho a mis amigas y compañeras de trabajo preocupadas por este tema, ya que a veces se les acaban las ideas y saben que lograr que los niños no se aburran por comer siempre lo mismo requiere de mucha imaginación.

Eso me hizo además recordar las meriendas que se vendían cuando yo iba a la escuela y darme cuenta de cómo hemos cambiado en cuanto a nuestro conocimiento y conciencia de la importancia de la buena nutrición. En aquellos tiempos, las únicas bebidas disponibles en la máquina dispensadora eran sodas, lo más cercano a saludable era la gaseosa de dieta, en la tiendita podías conseguir cuanta papita o burundanga imaginable, empanadas fritas, pizza etc., y la ausencia de frutas u otras opciones más saludables era bastante notoria. Probablemente hoy día, mamás conscientes harían un piqueteo frente a esta situación.

A todos esos padres conscientes, que comprenden y saben que la buena alimentación será clave para muchos aspectos futuros de la vida de sus hijos, hoy quiero felicitar y aplaudir porque decidir no tomar la vía más fácil por la salud de sus niños en este mundo tan caótico en el que vivimos es realmente de admirar. ¡Continúen el buen trabajo!


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2453
autor
Nicole Puello (nicolepuello@gmail.com)
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