Una lógica económica que se agota

Por: Redacción 19/02/2014

El rápido crecimiento reciente de la economía es un hecho que ha sido destacado en muchas ocasiones. Es así que el Informe de Desarrollo Humano Panamá 2014 del PNUD señala que “en medio de las turbulencias económicas internacionales, llevamos más de veinte años de crecimiento sostenido, el volumen de empleo ha aumentado constantemente y la pobreza ha disminuido de manera sustantiva”. Más aún, este informe, de manera acrítica, sostiene que el país simplemente se debe mantener dentro de la misma lógica económica. Concretamente, propone que “Panamá es uno de los países más globalizados de América Latina, uno de los que mejor se han insertado en la economía mundial”, concluyendo que “esta inserción básicamente exitosa debe mantenerse en el futuro”. Se trata, sin embargo, de una posición cargada de ambigüedades, que, además, opta por ocultar las vulnerabilidades del modelo vigente.
En relación con los hechos, vale la pena destacar, para comenzar, que señalar que la economía panameña tiene 20 años de crecimiento sostenido resulta una afirmación bastante imprecisa. En términos absolutos, se deberá recordar a los técnicos que laboraron el documento del PNUD que en el bienio 2000–2002, el PIB apenas creció a una tasa promedio de 1.8%; en el cuatrienio que va de 2000 a 2004 esa tasa solo se elevó parcialmente hasta el 2.4%. Más aún, en términos relativos, entre 2000 y 2004 la tasa promedio anual de la población también fue de aproximadamente el 1.8%, por lo que el mismo representó un periodo de relativo estancamiento en términos del producto por persona. Sin embargo, este no es el mayor problema del enfoque del PNUD.
En efecto, el documento que ahora discutimos no hace ninguna referencia a un elemento que claramente constituye un rasgo estilizado de la evolución reciente de la economía panameña: la caída de la participación relativa de las remuneraciones de los asalariados en el total del PIB. De acuerdo con las estadísticas oficiales existentes, entre el año 2000 y el año 2012 dicha participación se redujo de 37.8% al 30.3%, lo que significa un pérdida de 7.4 puntos porcentuales. Esto representó, tomando como base  2000, que por la más concentrada distribución funcional de los ingresos, solo en 2012 los asalariados perdieron $2,673.8 millones. Si esta pérdida de ingresos se agrega para el periodo 2001 – 2012, su monto llega a $13,338.5 millones, que equivalen al 37.3% del PIB de 2012. Se trata de un hecho que, sin lugar a dudas, impacta el desarrollo humano, sobre todo si se tiene en cuenta que el propio PNUD reconoce que durante el periodo analizado se elevó significativamente la productividad del trabajo.
Sin embargo, la falla más importante del análisis del PNUD está en no entender que detrás de esa tendencia a la concentración de los ingresos se encuentra una importante debilidad del actual modelo de crecimiento, la cual, tarde o temprano, significará su agotamiento.
EL GIRO HACIA UNA ECONOMÍA QUE APUNTE HACIA UNA MAYOR EQUIDAD EN LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO, UN DESARROLLO DE LA PRODUCCIÓN INTERNA DE LOS SERVICIOS SALUD Y EDUCACIÓN, SE DESARROLLA EL AGRO Y LA AGROINDUSTRIA, ES UNA NECESIDAD INELUDIBLE.
En un estudio econométrico que pronto publicaremos bajo el título de Régimen de Utilización de la Capacidad Instalada y de la Acumulación en Panamá: 2000–2012 se demuestra formalmente, siguiendo un enfoque neokaleckiano, que en el caso de Panamá la pérdida de la participación de los salarios en el ingreso, junto con la concentración de los mismos en el llamado excedente bruto de explotación, afecta negativamente el nivel de utilización de la capacidad instalada. Así mismo, en el caso de la inversión el efecto negativo sobre la demanda efectiva por una peor distribución del ingreso supera al efecto positivo que tiene sobre la rentabilidad del capital.
En estas condiciones, el modelo solo ha logrado crecer con mucha velocidad gracias a la ampliación del coeficiente de exportación y del coeficiente de las inversiones públicas. El problema, entonces, está en que esos factores pueden entrar en un proceso de reversión. El primero de ellos por la crisis que ya está sufriendo  la Zona Libre de Colón, el segundo, porque estaríamos frente a la posibilidad real de que el ciclo alto de las construcciones públicas esté llegando a su fin. En estas condiciones, el giro hacia una economía que apunte a una mayor equidad en la distribución del ingreso, un desarrollo de la producción interna de los servicios no transables (salud y educación), a la vez que se desarrolla el agro y la agroindustria en base a la seguridad y soberanía alimentaria, es una necesidad ineludible. Desgraciadamente, el documento del PNUD, lejos de explorar esta posibilidad, se mantiene en la ruta del neoliberalismo.