L a cristalería, al igual que la vajilla, marca y distingue una mesa. En esta ocasión, vamos a referirnos al encanto de una buena copa de cristal.
Historia.
La evolución de esta pieza ha sido muy evidente a través de los años y su uso surge de la necesidad del hombre para llevarse las bebidas a la boca. Primero usó cuernos, cáscaras de frutas, trozos de madera ahuecados, potes de arcilla cocida, que luego complementó con asas.
En la antigua Roma existió el “modoliulus”, un objeto que era lo más parecido al concepto de la actual copa.
El llamado “mastos”, en griego, reproducía la forma del seno femenino, y fue el primer diseño de lo que hoy conocemos como la copa para vinos espumantes.
Tipos.
Las básicas son: copas de agua, copas de vino y copas de champán.
En cuanto a los diseños , podemos decir que estos son ilimitados.
Cada bebida tiene su copa. Podemos mencionar: de brandy, de coctel, vaso de jerez, de whisky, jarra de cerveza, etc. Todas pueden encontrarse en la más amplia variedad de diseños, formas y colores, desde los tradicionales hasta los minimalistas y vanguardistas.
Ubicación.
Al colocar las copas en una mesa servida, tenemos que guiarnos por las bebidas que vamos a servir durante la comida. Habitualmente, se suele colocar simplemente una copa de agua, a la izquierda y una copa de vino, a su derecha.
El orden de las copas suele ser: copa de agua, de vino tinto, de vino blanco y de cava, aunque no hay una regla fija y este orden puede variar.
Las copas se sitúan frente al plato y se pueden colocar en una hilera recta, en diagonal respecto al plato, o haciendo una pequeña elipse (curva).