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Nueva infraestructura: Entre promesas y realidades a medias
El presidente Belisario Porras es muy recordado por las obras que dejó como legado. Ampliamente reconocido por la ciudadanía panameña como el mejor primer mandatario que ha tenido nuestra nación, no estuvo exento de calificativos y acusaciones que iban desde corrupción hasta de tener un talante despótico y dictatorial.
Pero más allá de todo lo anterior, el Dr. Porras era un hombre pragmático. Supo identificar el mayor problema del país y luego trabajar sobre él: la falta de un Estado como tal y de infraestructura en todo el territorio.
Así comenzó en todos los órdenes a construir ese Estado panameño que solo existía en papel. Es importante recalcar que estamos hablando de una época tremendamente difícil para recorrer el país, en la que para llegar a la península de Azuero o a Chiriquí era necesario realizar la travesía en barco.
Hoy en día, en pleno siglo XXI y con más de 100 años de ser nación, todavía dentro de nuestro territorio no contamos con la infraestructura necesaria para llegar a centros productivos e incluso poblaciones que de una forma u otra son significativas, como las de Darién.
Estas carreteras nacionales deberían contar con iluminación nocturna estable. Me parece increíble que aún vías que le han costado al país miles de millones de dólares y que se han construido tan recientemente como en los últimos 25 años no estén debidamente iluminadas. Es inaceptable.
Nuestros políticos deben tener el compromiso a futuro de que todas las carreteras nacionales, desde la frontera con Costa Rica hasta Darién, estén ensanchadas a por lo menos 4 carriles.
Si nuestro país apuesta por el turismo como motor de una industria que ya está dejando excelentes resultados económicos y laborales, entonces no hay razón por la cual cada una de nuestras playas, o al menos las más populares y donde hay generación de empleo, cuenten con la infraestructura de carreteras y caminos adecuados para que se pueda llegar a ellas.
Es increíble que todavía productores agropecuarios señalen que les toma una gran cantidad de tiempo llevar sus productos al consumidor. Más allá de la Cadena de Frío y otras iniciativas similares, los caminos de penetración de tierra deben ser en muy corto tiempo un recuerdo de un pasado que no volverá.
También es increíble que todavía en nuestro país se utilice el concepto de “vado”. Esta solución es para remotos pueblos africanos. Ya basta con los paliativos para nuestros pobladores de las comunidades más apartadas. No puede ser que muchas de nuestras comunidades aún cuenten con puentes colgantes, de madera o en condiciones que son sumamente peligrosas.
Un país no puede aspirar a ser catalogado como de primer mundo si no cuenta con la mínima infraestructura, pero en todo su territorio.
Es importante que no todo se concentre en la ciudad de Panamá. Es más, ya que menciono a la ciudad, todo aquel que quiere ser alcalde debería presentar un plan de cómo hacer la misma amigable al peatón. Es una queja constante entre turistas lo hostil que es nuestra ciudad con el peatón ante la falta de aceras en buenas condiciones. Cosas sencillas, pero con las que en muchos casos no se cuenta.
Calidad de vida. Eso es lo que se exige. De nada sirve un PIB extraordinario, un crecimiento económico de 2 cifras durante una década, si nuestros políticos de todos los partidos y durante tanto tiempo no ponen el pie en el acelerador para recordar que nuestros recursos están destinados a eso, a ser usados para garantizarnos una excelente calidad de vida.
No estoy muy seguro de que la descentralización sea la solución para esto. Los partidos políticos en Panamá no son precisamente un ejemplo de modernidad interna y si difícilmente hacen tímidos eventos para que su membresía tenga algo de formación política, qué podemos esperar de candidatos que al ser electos en puestos municipales deban tener experiencia en proyectos de educación, carreteras y necesidades básicas para la población. Habría que ver cómo estos funcionarios pasarían de no saber absolutamente nada a unas personas eficientes en el uso y distribución de los recursos públicos que se les asignen.
Me gustaría que todas esas organizaciones de la mal llamada sociedad civil estén más pendientes de colaborar con los que en realidad sí van a hacer políticas públicas, que son los dirigentes de los partidos políticos, para que estos tengan en mente, cada vez que viene un torneo electoral, presentar las propuestas más realistas y realmente útiles posibles.