El autómata escolar

Por: Redacción 20/02/2014

Sin el ánimo de evocar anacronismos explicativos trasnochados o premisas ideológicas que no representan nuestra realidad socioestructural contemporánea, debe decirse que la propuesta del Ministerio de Educación sobre la eliminación del bachiller en letras y la incorporación inmediata de una nueva oferta en este tenor no solo es una muestra de ignorancia por parte del sistema educativo en general de nuestro país, sino una lesión insoslayable al espíritu reflexivo y crítico de nuestra nacionalidad panameña.
Si bien es cierto que el neoliberalismo ha ejercido y ejerce una suerte de influencia estructurante sobre las decisiones estatales y gubernamentales, que luego terminan generando políticas económicas y sociales, como esta nueva racionalidad educativa, el exabrupto no consiste en culpar al orden de cosas neoliberal, sino a nuestro propio concepto sobre el modelo educativo que deseamos como país.
Aunque el mercado exige ciertas competencias, como lo son el aprendizaje del inglés y la tecnología informática, esto no debe ser una premisa para desvalorar los enfoques de carácter más humanistas. Vale la pena aclarar que dentro de los nuevos bachilleres hay uno orientado a las humanidades, sin embargo, se pretende eliminar del plan escolar algunas asignaturas como educación física, historia y francés  para privilegiar un supuesto ajuste en la carga horaria de los estudiantes. Lo que además dejaría a miles de profesionales docentes de las ciencias sociales y las humanidades sin trabajo.
DOMESTICADOS NO SOLO POR EL CONSUMISMO, EL INDIVIDUALISMO Y EL HEDONISMO, SINO POR LA MISMA PLASTICIDAD DE LA EDUCACIÓN RECIBIDA, ORIENTADA ÚNICAMENTE A LOS INTERESES Y CAPRICHOS DEL MERCADO. Y NO AL DESARROLLO DEL POTENCIAL HUMANO.
En realidad de lo que se trata con esta nueva orientación en los bachilleres es crear una suerte de estudiantes autómatas, basados no solo en la imitación de conocimientos técnicos y mecanizados (saberes prácticos), completamente orientados a la pragmática del hacer, obviando sus capacidades mentales y espirituales para pensar, razonar y evaluar la realidad social del mundo en que viven. De esta manera, no solo se pierde la idea de individuo integral, el cual posee un cúmulo variopinto de conocimientos humanos y espirituales, sino que también se pierde todo ideario cívico e identidad ciudadana, lo que llevará, además, a la constitución de hombres y mujeres unidimensionales (acríticos con su mundo y sociedad). Domesticados no solo por el consumismo, el individualismo y el hedonismo, sino por la misma plasticidad de la educación recibida, orientada únicamente a los intereses y caprichos del mercado. Y no al desarrollo del potencial humano.
Ahora bien, se podrá decir, a manera de apología, que este autómata escolar aprenderá a realizar funciones técnicas a un mayor nivel de eficacia y eficiencia, sin embargo, sus posibilidades de crear y construir su mundo existencial y profesional se limitarán a los intereses exclusivos del mercado contemporáneo. Lo que implica no solo que sus capacidades idóneas se verán reducidas al más amargo servicio y servilismo laboral, sino que es muy posible que los intereses del mercado cambien con el tiempo y se encuentren en una situación de desfase de sus conocimientos cristalizados o, en el peor de los casos, la tecnología haya avanzado al punto que sus requerimientos técnicos ya no sean del todo necesario (automatismo).
Lamentablemente para la nación panameña este autómata estudiantil es la más fehaciente evidencia de nuestro subdesarrollo, no en términos puramente económicos, sino en cuanto a capital humano y social. Para muestra un botón, todas las sociedades avanzadas del siglo XX y XXI, lejos de impulsar un modelo educativo de tipo vocacional o técnico, han apostado por su potencial humano en general; por ende, la educación se constituye en estos escenarios, como una herramienta para el progreso de su sociedad más allá de los intereses mercantiles o ideológicos de un modelo capitalista en boga.
La educación debe ser integral, ya que al tiempo que se dota a los estudiantes de asignaturas técnicas debe garantizarse las de orden intelectual y científicas, las relacionadas al cuerpo y la salud, como el deporte; la historia y la filosofía, como introducción al pensamiento razonado y crítico, las artísticas y las lingüísticas. 
Así tendremos ciudadanos complejos que no solo servirán al mercado, sino también a sus familias, a su Estado y a su sociedad.
Por ende, entendamos que Panamá no es Pro Mundi Beneficio, como dice alegremente el eslogan de nuestro escudo nacional, sino una República soberana que impulsa el progreso y desarrollo de todos sus ciudadanos, más allá de las necesidades mercantiles e ideológicas del mundo en que vivimos.