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Venezuela, complicada situación
Venezuela otra vez está envuelta en el torbellino de agudas contradicciones políticas y sociales. Los analistas políticos, en especial los historiadores de las revoluciones, saben que estos procesos suelen tornarse radicales, sobre todo cuando se afectan intereses que son parte del modelo de sociedad dominante y que no da su brazo a torcer.
Cierto que la oposición en Venezuela viene demostrando una gran capacidad de convocatoria de masas, cuyo eje da cuenta de sectores de la pequeña burguesía y capas medias al igual que sectores afectados por la carencia de insumos básicos, pero arrastra consigo el pecado de aparecer como golpista cuando pide la defenestración del régimen y ataca el modelo de socialismo del siglo XXI, y desde el punto de vista de este argumento, es evidente entonces que en el fondo se está frente a la lucha político- ideológica. Se está entonces en un escenario en el que la oposición lo que no pudo conseguir por la vía democrática, procura hacerlo por la movilización y agudización del conflicto.
En el fondo esta busca activar factores de poder para que intervengan a su favor. Se trata de una estrategia oposicionista que pudiera ser fatal por su resultado y que, de seguro, llevaría o involucraría a toda la región. Ya algunos sectores belicistas en los Estados Unidos comienzan a manejar un discurso militar intervencionista.
Nicolás Maduro y las fuerzas del chavismo enfrentan el dilema de echar su revolución por medios democráticos o aplastar a los adversarios con la fuerza y métodos de la antidemocracia. La situación es complicada. Maduro tiene a su favor su ascenso legítimo al poder. ¿Hasta qué punto puede controlar y administrar sin caer en violaciones a los derechos humanos, como lo han hecho muchas revoluciones al jugar a la movilización de masas y la persuasión?
El respeto al orden constitucional es su mejor carta. No podemos dejar de mencionar que carga sobre sus hombros las dificultades que dejó la ausencia de su mentor, el fallecido comandante Hugo Chávez.
Ahora el presidente apuesta más a su estructura partidaria que le sirve de sustento. Muy aleccionadoras fueron las declaraciones de los militares en el sentido de que no apoyarían a un gobierno que no sea producto o surgido de la institucionalidad democrática.
Si Maduro sabe jugar al poder, me imagino que tiene que haber aprendido desde su liderazgo como dirigente sindical, que en política no se puede perder la iniciativa y hegemonía en el seno de las masas. La fuerza bruta no es garantía de supervivencia. Amanecerá y veremos.