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El ‘juegavivo’ como ideología nacional
Se ve más en empresarios y periodistas. Siempre están bien con el político poderoso de turno. Nunca, nunca están con el perdedor. Curiosamente, cambian de bando político tan rápido y con tanta pasión y entusiasmo, que con el tiempo uno termina por olvidar que eran exactamente iguales, pero con el gobernante anterior.
Y así van logrando todo: poder económico, prebendas, favores y un mundo de posibilidades que parecen infinitas. Todas gracias a que “jugaron vivo”. Claro, con mucha clase y estilo. A esos nadie les dice que son unos “juegavivos”. Para eso es el dinero y el poder, para arroparlos con el manto de la falta de vergüenza y decoro.
Y la anterior es la explicación real de por qué hemos adoptado en Panamá la ideología del “juegavivo”. Ni de izquierda ni de derecha. Justo donde hay que estar. Di tú primero. Fenicios como pocos en el mundo.
El otro día vi una foto de dos carros pequeños chocados a la entrada de una garita de pago de uno de los corredores viales. El choque era lateral. Resulta que ambos intentaron ingresar al lugar, con capacidad para uno solo, a la vez. Y curiosamente, descubrieron que por más que lo intentaron, era físicamente imposible.
Uno dirá que son unos entupidos, que cómo se les ocurre, que tan fácil que era ceder el paso, etc. Así se puede enumerar una larga lista de razones por las cuales no se debería llegar a tales extremos.
VAN LOGRANDO TODO: PODER ECONÓMICO, PREBENDAS, FAVORES Y UN MUNDO DE POSIBILIDADES QUE PARECEN INFINITAS. TODAS GRACIAS A QUE “JUGARON VIVO”. CLARO, CON MUCHA CLASE Y ESTILO.
Pero lo mismo pasa con casi todos los trámites gubernamentales. No hay una institución donde no esté un “tramitador” que haga las cosas por uno por unas cuantas monedas. O el “bien cuida’o”, que decide tomar por asalto un área de la ciudad y cobrar su propio impuesto, a saber uno a razón de qué.
El otro día una señora de unos respetables 60 años no tuvo ningún problema en venir de muy atrás y evitar a los de la fila para pagar en un supermercado, incluyéndome. Diariamente veo carros, normalmente de personas que en teoría deben tener el dinero para una buena educación, ignorando señales de tránsito, pasando sobre las isletas, rebasando los límites de velocidad, todo sin el más mínimo remordimiento.
¿Cómo se le explica a toda esta gente, que ese comportamiento es antisocial, bárbaro y casi de ignorantes? ¿Cómo se le explica a esta gente que una sociedad sin reglas es peligrosa y hostil?
No hay manera de que en nuestra sociedad esa explicación sea una realidad. Uno puede ver cómo ilustres desconocidos misteriosamente comienzan a ser personas de mucho prestigio, con muchas conexiones políticas, que de repente tienen posibilidades casi sobrenaturales de lograr cosas en muy poco tiempo, que para cualquier otro normal tomaría una vida o quizás nunca sucedería.
ILUSTRES DESCONOCIDOS MISTERIOSAMENTE COMIENZAN A SER PERSONAS DE MUCHO PRESTIGIO, CON MUCHAS CONEXIONES POLÍTICAS, QUE DE REPENTE TIENEN POSIBILIDADES CASI SOBRENATURALES DE LOGRAR COSAS, QUE PARA CUALQUIER OTRO TOMARÍA UNA VIDA....
Es divertido ver a un político rodeado de este tipo de gente. Siempre me pregunto si no tienen claro que hay una razón por la cual antes no contaban con la amistad del nuevo adulador. Ese nuevo incondicional que hará todo lo que el político le diga, todo lo que le pida, le dirá que sí a todo y, sobre todo, les dará la razón a todas las ideas que se les ocurra, por más disparatadas que estas sean.
Nunca voy a olvidar a aquel exministro sentado solo en una mesa de un restaurante de comida rápida, leyendo las últimas páginas del periódico del día. Solo unos cuantos años antes aparecía rodeado de cámaras, con carro, chofer y escolta, con traje de corte europeo carísimo. Y ahí estaba, era uno más, y nadie lo volteaba a ver. ¿Dónde estaban sus amigos de los medios que le pedían entrevistas y publicidad gubernamental? ¿Dónde estaban esos empresarios que celebraban con él sus ruidosas fiestas de cumpleaños?
No hay ninguna posibilidad de acabar con nuestra doctrina ideológica del “juegavivo” si no se trabaja desde los infantes. Recuperar esas materias de educación cívica y ciudadana. Instaurar becas para los profesores que puedan dar esos cursos y conozcan sociedades donde el esfuerzo se premia y los logros son por méritos y no por haberle caído bien a un empresario poderoso o a un político en el poder.
Nuestra sociedad está a un paso de colapsar moralmente, y ese es el preámbulo para el colapso político. No debemos esperar a ver cómo nos convertimos en la Venezuela bolivariana-socialista de hoy. Empecemos a adecentar nuestra mente y liberarla del yugo del “juegavivo” que nos han instalado como parte de nuestra ideología nacional.