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Maestro precursor y conductor de auténticos cambios
El sábado 22 de febrero de 2014, con motivo de conmemorarse el centenario del natalicio del insigne profesor Vicente Bayard, se efectuó, primero, una eucaristía de acción de gracias, en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, oficiada por el RP Manuel Anselmo Díaz. Después se desarrolló un acto cultural con la participación de familiares del Prof. Bayard, docentes del Instituto Justo Arosemena y la Banda Republicana, dirigida por el profesor Virgilio Escala.
BAYARD ES UN MODELO DE MAESTRO QUE SIEMPRE HA ENSEÑADO CON EL EJEMPLO: SUS CONVICCIONES LAS HA SABIDO CONVERTIR EN CONDUCTA, PORQUE ÉL SABE –Y ASÍ LO HA HECHO SABER A SUS ALUMNOS— QUE EL DESAJUSTE ENTRE EL PENSAMIENTO Y LA ACCIÓN ES UNO DE LOS MAYORES MALES QUE PUEDAN CAUSAR A UNA COLECTIVIDAD LLAMADA A DESEMPEÑAR PUESTOS DIRECTIVOS.
Me correspondió, como invitado especial, hacer reminiscencias personales del maestro y amigo entrañable Vicente Bayard. Recordé y cité extractos del discurso que pronuncié, como orador de fondo, el 8 de junio de 1984, en el paraninfo de la Universidad de Panamá, en el solemne acto de homenaje nacional al Prof. Vicente Bayard. Señalaba, entre otras cosas, lo siguiente:
“Más de medio siglo lleva Vicente Bayard Pérez de vivir en medio de la juventud, o al frente de ella, ya como precursor y conductor de los auténticos cambios en la organización educativa del país, ya como fundador y director del Instituto Justo Arosemena, ya como catedrático universitario, y es de todo ese conjunto de experiencias y de contacto vivificante que se derivan acaso la frescura de corazón y la limpidez de mente que hacen de la doctrina y del estilo pedagógico del maestro por antonomasia manantial de estímulos de irresistible encanto”.
“Con la desvinculación del profesor Vicente Bayard de la actividad docente para acogerse al descanso reclamado después de una larga vida de sacrificios y dedicación a las más nobles causas de la patria, se le resta a la escuela panameña uno de sus maestros más preclaros, a uno de sus valores más genuinos y a uno de los panameños más insignes”.
“Para muchos, acogerse a los asuntos de la vida privada es un hecho inevitable y normal, pero tratándose de la excepcional persona del profesor Vicente Bayard, quien, aún vigoroso, en plena capacidad intelectual, nos obliga a reflexionar en el significado de su obra y reconocer que se despide de una comprometida actividad un genuino maestro de inquietudes”.
“El Instituto Justo Arosemena es mucho lo que debe al profesor Bayard. Él le dio la superior y ejemplar organización de que disfruta; él fue decisivo en la selección de sus doctos y consagrados maestros y profesores, y será el faro que seguirá iluminando su futuro cada vez que asome una dificultad, un desconcierto o una duda”.
“He llegado a pensar que el atardecer del espíritu de Bayard -mientras que siga siendo centinela de esa grandiosa obra suya que es el Instituto Justo Arosemena- será como uno de esos atardeceres llenos de un fuego que se obstina en no morir. Bayard es un modelo de maestro que siempre ha enseñado con el ejemplo: sus convicciones las ha sabido convertir en conducta, porque él sabe -y así lo ha hecho saber a sus alumnos- que el desajuste entre el pensamiento y la acción es uno de los mayores males que puedan causar a una colectividad los individuos que están llamados a desempeñar puestos directivos”.
“Hombres como Vicente Bayard son imprescindibles en una patria como la nuestra, cada vez más urgida de rectificaciones, en una patria en la que las inquietudes sanas están permanentemente perturbadas por la improvisación, la adulteración y la demagogia, en una patria en la que la mentira multiplica a menudo sus tentáculos siniestros y demoledores”.
“Nos va a hacer mucha falta el profesor Bayard, aun cuando esperamos y sabemos que nunca nos negará su concurso cuando las exigencias vitales demanden la participación de sus hijos mejores. Nos va a hacer mucha falta, porque la escuela panameña tiene que ser siempre el antídoto para los grandes males nacionales y Bayard es de los pocos capaces de proporcionárselo en dosis altas para vulnerar las faltas y vicios de luengo arraigo”.
“En el aula panameña tiene que estarse fecundando todos los días la vigilancia valiente, tienen que estarse imprimiendo las huellas de la esperanza y señalando los yerros, omisiones y tenebrosidades de quienes solo piensan en el lucro personal, la codicia absorbente y el cercenamiento de la dignidad nacional”.