Eludir las leyes humanitarias

Por: Redacción 04/03/2014

 
Sabemos que el uso de la violencia es inaceptable. Ya, en su tiempo, el perenne político y pensador indio Mahatma Gandhi, llegó a decir que "quisiera sufrir todas las humillaciones, todas las torturas, el ostracismo absoluto y hasta la muerte, para impedir la violencia".
Desde luego, debiéramos hacer algo para que los desafíos sangrientos nos abandonasen. La humanidad ha de propiciar otros cultivos más armónicos, otras atmósferas más pacíficas, otros diálogos más verdaderos. Por otra parte, las leyes humanitarias internacionales están para ser cumplidas. No se pueden imponer cercos, como sucedió en Siria, que pongan en peligro vidas humanas. La espiral de violencia desatada en Ucrania tampoco tiene justificación. No cabe duda que vivimos tiempos de conflictos entre personas, grupos étnicos y religiosos, gobiernos y naciones, intereses económicos y políticos, pero jamás se pueden solventar si respondemos con más fanatismo.
Verdaderamente, la violencia es suicida. La respuesta no es el enfrentamiento, sino la persuasión y el diálogo. Desde luego, sembrar en la mente de las personas la nefasta semilla ideológica del odio, injerta una serie de luchas absurdas e innecesarias.
Sin negar la gravedad de muchas contrariedades impuestas y la injusticia de muchas situaciones, es imprescindible proclamar una defensa tajante de los derechos humanos con los medios necesarios y los métodos posibles. No olvidemos que el género humano vive en sociedad y avanza socialmente a través de su trabajo colectivo y de su inteligencia. Gobiernos y estados del mundo entero deben comprender que, si no quieren enfrentarse y destruirse mutuamente, deben unirse en el cumplimiento de las leyes humanitarias internacionales.
No hay otra solución, el camino de la violencia no conduce nada más que a un mar de crímenes innecesarios. El diálogo nunca está demás, sobre todo para que cesen las hostilidades a nivel mundial. Hemos de apostar por sociedades pacíficas que, abrazadas a la diversidad, se complementen en una apuesta decidida por la justicia.
Naciones Unidas es una acertada vía de negociación para conseguir que la cooperación entre naciones sea posible. Por desgracia, los hechos violentos han tomado posiciones en diversos escenarios. Tenemos que ser artífices del cambio. Nos merecemos un espacio más conciliador y menos salvaje. Para ello, tenemos que abrazar otros horizontes más auténticos y tomar otros caminos, donde tengamos asegurado más que el pan, el genuino amor de cada día. Dicho queda.