Ópera de Viena está remozada

Más detalles

  • El propio Meyer deja claro que para suavizar este primer contacto con la ópera hay varias premisas. La duración, por ejemplo, pero también elegir un tema que transmita muchas emociones, suspense, alegría, tristeza.
  • La entrada en escena de la Reina de la Noche, con su efecto de rayos y truenos, es recibido con exclamaciones entre el miedo y la sorpresa.
  • El baile de los animales al son de la mágica flauta despierta oleadas de risas. Y el triunfo final de los héroes, con Tamino logrando a su Pamina y Papageno encontrando a su Papagena, despierta una salva de palmas y gritos.

Algo no cuadra hoy con el público de la ópera de Viena. El respetable se sienta en el suelo, sigue con las palmas la evolución de las arias y se carcajea sin vergüenza con las andanzas del Papageno de la “La Flauta Mágica”.

Y es que la Staatsoper ha sido literalmente tomada por los niños. Un total de 7,500 pequeños llegados desde varias regiones de Austria asistieron a un espectáculo que sirve para presentarles el mundo de la música clásica y despojarla de cualquier vestigio de elitismo o aburrimiento.

Desde hace más de una década, la ópera celebra una doble función infantil al día siguiente del baile del que es escenario cada febrero.

Aprovechando que el patio de butacas se desmonta para convertirlo en una enorme sala de baile, la dirección abarrota de niños el teatro. Niños que son un potencial público futuro.

“La relación con los niños es muy importante. Por un lado, interesarlos porque son el público del futuro. Y por otro, para que quizás les apetezca entrar en la profesión”, explica Dominique Meyer, director de la ópera vienesa.


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4351
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Viena (EFE)
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