Cuando Dudley Williams era comandante policial a mediados de la década de 1980, ser policía en St. Kitts y Nevis era algo tranquilo. El delito violento era infrecuente en las islas del Caribe.
Sin embargo, los tiempos han cambiado allí y en muchas islas del Caribe, donde una creciente carrera de armas entre pandillas ha tornado barrios pacíficos en zonas de guerra.
St. Kitts y Nevis, una federación de dos islas con casi 50,000 habitantes, ha tenido 31 asesinatos en lo que va del año, lo que hace de 2011 el más sangriento en su historia. La Policía atribuye la violencia a pandillas con nombres como Killer Mafia Soldiers y Tek Life.
Usualmente lejos de la mirada de los turistas en sus playas, los tiroteos entre pandilleros se han vuelto algo común, de acuerdo con un nuevo informe de homicidios efectuado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.
Los narcotraficantes han contribuido al aumento del delito al introducir armas de fuego y drogas con valor superior al de la economía legal en el Caribe.
Aunque las islas siguen siendo conductos casi perfectos para los embarques de drogas, con sus numerosos cayos e islotes no custodiados y costas apenas vigiladas, la oficina de la ONU para el delito dice que las confiscaciones de drogas en la región disminuyeron 71% entre 1997 y 2009, a medida que más contrabando pasó a rutas en Centroamérica.
De acuerdo con la agencia, el incremento de la violencia letal en el Caribe puede ser atribuido en parte a una feroz competencia entre pandillas por el control de territorio en un mercado disminuido de contrabando de narcóticos.
Los expertos temen que una cultura de violencia se haya arraigado en las islas del caribe.