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Democracia congelada
La Declaración Universal de los Derechos del Hombre fue aprobada en 1948 por la Organización de Naciones Unidas como el conjunto de los principios rectores que preservan a las personas de cualquier origen étnico, religioso e ideológico de los abusos contra la libertad individual y colectiva. La Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos (OEA) es un compendio de estos derechos y deberes universales que los estados suscriptores están obligados a cumplir, porque forman parte de un ordenamiento internacional libremente aceptado.
La República de Panamá ha hecho honor a los principios de la Carta Democrática al solicitar que los estados acreditados en la OEA deliberen sobre los acontecimientos en Venezuela sin que su iniciativa represente alguna forma de injerencia en los asuntos internos de otro país.
La petición panameña fue formulada con serenidad y transparencia sin dejar duda de que en los países miembros de la OEA rija el principio de que nadie será objeto de arbitrariedades en su vida privada y actuación pública, partiendo de la consideración de que somos parte del ordenamiento internacional, dentro del cual toda persona tiene los derechos y libertades universalmente respetados por los países democráticos.
El Derecho Internacional Público norma la convivencia pacífica de los pueblos, sea en Venezuela o en Ucrania. Las relaciones diplomáticas, económicas y comerciales se establecen en convenios y tratados de cumplimiento recíproco. Las naciones se comunican con un lenguaje opuesto a los insultos y las diatribas que recaen a la postre sobre quien los profiere.
Con ecuanimidad y firmeza, Panamá no sucumbe a la tentación de responder improperio por improperio y mantiene inalterable su digna posición de Estado soberano, inmerso en las obligaciones del ordenamiento democrático internacional. En 1989, Venezuela solicitó a la OEA el nombramiento de una comisión que viajara a nuestro país para recopilar información sobre los acontecimientos que desembocaron en la anulación de las elecciones generales.
A lo largo de su historia, Panamá ostenta credenciales bolivarianas de alta jerarquía. Formó parte de la Gran Colombia, con la Nueva Granada, Venezuela y Ecuador, en 1821, siguiendo el ideario integracionista de Simón Bolívar. En 1830, por iniciativa del general José Domingo Espinar, invitó al Libertador para que fuera su conductor político. Combatientes del istmo lucharon por la independencia americana en las batallas de Junín y Ayacucho.
Con base a estos honrosos blasones históricos, Panamá ratifica la iniciativa de paz para mantener la concordia entre los hermanos venezolanos, a la par de que rechaza como inaceptables las ofensas descargadas por Nicolás Maduro contra nuestro país y el presidente Ricardo Martinelli.
La ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales y el rechazo a la mediación de la OEA puede llevar al progresivo aislamiento de un régimen propenso solo a los halagos. Cualquiera que sean las decisiones de la OEA, la historia remarcará las diferencias entre democracia y autocracia, dignidad y vulgaridad, ecuanimidad y arrebato.
La deuda pendiente de alrededor de mil 200 millones de dólares a las empresas de la Zona Libre de Colón (ZLC) que vendieron mercancías a Venezuela no debe ser objeto de una medida unilateral de congelamiento comercial, a juicio de la Asociación de Usuarios de la ZLC. El Gobierno venezolano autocongelará importaciones debido a decisiones políticas que no eximen el cumplimiento de obligaciones comerciales.