Se sabe que toda broma debe tener algún anclaje en la realidad para ser más graciosa. Por ende, la presentadora de la última entrega de los Óscar, Ellen DeGeneres, dijo que existían dos posibilidades esa noche: una, que le dieran el Óscar a “12 años de esclavitud” y la otra, que todos sean racistas. De esta manera, DeGeneres anticipó que no había otra posibilidad que galardonar la película. Sería el premio políticamente correcto.
Finalmente así fue. Y pese a no ganar las categorías principales de mejor director, actriz y actor, el filme, producido por Brad Pitt y dirigido por el inglés Steve McQueen, se quedó con el más importante.
Pero más allá de los premios, cuyo Óscar es el corolario de una larga carrera, “12 años de esclavitud” es una película dura, en el límite de lo que el espectador puede soportar.
La cinta está basada en una historia real, en las memorias de Solomon Northup, quien como hombre libre vivía en el estado de Nueva York y trabajaba como violinista a mediados del siglo XIX. Tenía mujer e hijos, y al aceptar trabajar en la gira de un circo, creyó de buena fe en un trabajo bien remunerado, el cual sería su ruina, ya que fue secuestrado y llevado al sur para ser vendido como esclavo.