“Al primer revés, te volverán la espalda para servir y hacerse gratos al vencedor” Maquiavelo, El Príncipe
El libro-testimonio de Jorge Serrano, La guayaba tiene dueño, posee aires de novela. No veo por qué no puede ser novelesco aunque sea histórico y autobiográfico. Una vida que no sea novelesca no merece ser brindada a los lectores, so pena de condenarlos al aburrimiento. Este es un libro de protesta contra las fuerzas oscuras que no sólo le arrebataron el poder conquistado en honestas elecciones, sino que lo hicieron abandonar la patria con falsas acusaciones.
El tono de este libro, como una gran cantidad de libros que he tenido la suerte de leer, le da sentido a una vibrante frase de Unamuno (¿qué frase de ese señor no es vibrante?): «Me molesta oír decir de un hombre que habla como un libro. Prefiero los libros que hablan como hombres».
El estilo de Serrano es coloquial y sin pretensiones. Comprometido con la religión, no profiere amenazas ni se deja arrastrar por odios recalcitrantes.
A lo que realmente aspira este libro es a llegar al pueblo guatemalteco, a las hacedoras de tortillas y sus clientes, a los burócratas, al hombre que arranca las malas hierbas y siembra; a los oficinistas y conductores de carretas y camiones, al que juega fútbol, a los que tejen hamacas, al que ordeña y al que bebe la leche, al que enseña y al que estudia, al de la marimba y al que canta. Pretende consolar a los familiares de las víctimas de la guerra que él con tanto ahínco trató de poner fin. Por eso, este libro no lo recomienda a coroneles ni generales con doradas charreteras sino al soldado joven que no mira como enemigo al pueblo y todavía cree en la patria. Hay, eso sí, una decisión de proclamar su verdad. La que, nos dice, mantuvo callada por más de 20 años.
Demuestra con pruebas que sus enemigos, a pesar del poder absoluto que ejercen sobre la historia, con todo y ser dueños y señores de sus archivos, de todas las factura habidas y no habidas, no ha sido capaz de probar al país que le dio asilo a Jorge Serrano, ni un gramo de culpabilidad. Así mismo, asumo, tampoco pudieron demostrárselo al pueblo de Guatemala. Entonces, ¿cómo justificar su golpe? Si quieren saberlo, lean La guayaba tiene dueño.
Por último, finalizo aclarando por qué titulé mi presentación Bajo el guayabo? Porque, como Newton, estoy esperando que se cumpla la ley de gravedad.