Ballet nacional

Héctor Collado (Escritor) / Escritor

A Marta Durán, su trazo en el tiempo

Sigo con particular interés las presentaciones que ofrece al público el Nacional de Panamá. Sus responsables, coreógrafos, bailarines y soportes se empeñan cada vez en ofrecer a “cielo abierto” un espectáculo que toque las fibras del público que se agolpa en parques y “malles” (¿cabrá el plural?), ávido de arte y de entretenimiento. Un público que espera y merece más de sus artistas.

En recientes fechas los programas de ballet se han hecho sentir. La presencia de esta expresión, que es la más y al mismo tiempo menos perfecta de las artes, según mis lecturas relacionadas con el tema, conversa de manera distinta con cada uno lo que para mi es tul, para usted será lentejuela; lo que para mi es encaje, para usted será licra… lo que para mi es el vuelo del cisne vivo para usted pudiera ser un cielo vacío de todo encanto. ¡Eso es lo maravilloso de las lecturas que uno puede hacer del arte!

Cuando una mujer baila sus gestos hacen que el viento imite a la vida. Sucede que lo humano se expresa en los elementos y viceversa. La maravilla del ballet consiste en que un par de cuerpos se convierten en muchas cosas frente al espectador. Es un misterio su gozo. El espectador se emociona, algo invisible le toca el alma y se incendia. De allí los aplausos, las lágrimas de agradecimiento. Algo terrible pasa cuando esto no ocurre y algunas veces ocurre con nuestro Ballet.

Algunas veces, y el espectador se dará cuenta, se percibe la fallas técnicas de los danzantes, otras y eso es doloroso es evidente la falta de pasión de algunos que no necesariamente le tienen amor al oficio. La técnica se adquiere, se aprende, con disciplina y apego a las instrucciones de los maestros. Pero la pasión, el poseer la capacidad de convertirse en un ser de luz para iluminar a los demás, si no se tiene lo que recibimos es carbón.

Se ha dicho que “La técnica es un oficio que debe servir de pedestal al arte” pero el arte se debilita y muere cuando se vuelve pura técnica.

Como panameño, debo expresar que, siento orgullo de cada una de las manifestaciones artísticas que se comparte con la población. El ballet, sobre todo el clásico, el que viene de la mano de grandes músicos y coreógrafos, ese que justificará en el futuro esta civilización, está haciendo su parte. Ojalá sus integrantes, todos, lo perciban así.


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