"Es un avión bidireccional, respetuoso con el medioambiente, de consumo eficiente, económicamente viable y capaz de transportar pasajeros a velocidades supersónicas", dijó el profesor de ingeniería aeroespacial
Ge-Chen Zha, de la
Universidad de Miami, responsable del diseño.
El fuselaje de los aviones convencionales está compuesto de un compartimento en forma de tubo, para pasajeros y mercancía, y de dos largas alas insertadas a los lados, de forma simétrica sobre el eje longitudinal, que ayudan a que el aparato se eleve.
A la hora de alcanzar
velocidades supersónicas (superiores a los 1,225 kilómetros por hora del sonido), este diseño no es muy eficiente en términos energéticos y provoca una gran explosión al romper la barrera del sonido, dijó Zha en una entrevista.
Este revolucionario diseño cuenta con dos cabinas de pilotaje y parece recién salido de la saga de "
Star Wars", es simétrico tanto por el eje longitudinal como por el transversal y puede girar sobre sí mismo durante el vuelo para sacar provecho aerodinámico de ambas posiciones.
Al despegar,
el avión es más ancho que largo y se eleva con facilidad. Una vez en el aire, se pone "de lado", los motores giran y los alerones se estiran, de forma que lo que eran las alas pasan a ser el cuerpo del avión y su anchura y así la oposición al viento se reducen.
Está diseñado para ser
más silencioso, más ligero y mucho más eficiente que otros aviones supersónicos y consume 30% menos combustible, explicó Zha.
Este avión bidireccional ha sido merecedor de un préstamo de cien mil dólares de la agencia espacial estadounidense
NASA, que tiene un programa para ayudar a financiar proyectos que puedan implicar grandes avances en innovación y una potencial transformación de las misiones espaciales futuras.
Este avión podría recorrer de Nueva York a Tokio en sólo cuatro horas, uno de los grandes problemas de los aviones supersónicos es que consumen mucha energía, porque sus diseños están hechos para que funcionen a velocidades inferiores a las del sonido.
Siempre despegan y aterrizan a velocidades subsónicas, por ello, necesitan amplias alas, pero con este diseño se puede realizar ambos objetivos:
despegar y aterrizar despacio y avanzar a enormes velocidades.
En "dos o tres décadas" este avión "podría ser una realidad en el ámbito de la aviación civil", señaló el profesor, que trabaja en colaboración con científicos de la
Universidad Estatal de Florida y que gracias a los fondos recibidos de la NASA podrá continuar con su proyecto.