Los Reyes Magos, un enigma por resolver

Estos reyes aparecen en usaje bíblico "lleno de significados" que a lo largo de los siglos ha aunado componentes de religión, mito y política, según el profesor de la Universidad de Florencia Franco Cardini.

Sabido es que los Magos de Oriente traen cada Navidad regalos a los niños en muchos países, pero sobre su existencia real poco se sabe. Es "una madeja por desenredar" a la que se han dedicado teólogos, historiadores y expertos, entre ellos Cardini, autor de "Los Reyes Magos. Historia y leyenda".

Certezas hay pocas, la adoración sólo se narra en el primero de los cuatro Evangelios canónicos, el de San Mateo, pero a lo largo de los siglos "la tradición tuvo manera de afirmarse de nuevo en casi todos los evangelios que conocemos como apócrifos".

 
Tampoco está claro quiénes eran realmente esos magos. Aunque, en aquella época, según explica Cardini, se entendía por mago a un "astrólogo y sacerdote de la religión mazdea".

¿Se puede creer que unos representantes de la religión persa, "la gran enemiga de Roma", hicieran, tras una revelación, un viaje de Oriente a Occidente para arrodillarse ante un niño? El experto afirma que, aunque no existan pruebas históricas irrefutables, los estudiosos de las regiones nos dicen que sí "es posible".

Además, a la luz de la religión mazdea, aquel niño podía ser "un salvador", pues en su tradición existe "la esperanza de que al inicio de cada siglo haya un salvador divino, que es el caudillo de una época".

 
Hubo que esperar hasta el siglo VIII o IX para que los Magos fueran tres, "pues hay evangelios en los que se habla de cuatro, doce, 40 o hasta 500", según Cardini.

Y para que no vinieran de un "Oriente indeterminado", pues de aquel periodo procede un grupo de textos árabes y latinos a partir de los cuales y junto a la meditación de los teólogos sobre la Escritura "se empieza a articular una antropología de los Magos".

Pero los Reyes Magos tienen también un componente político. En 1164, el emperador Federico Barbarroja da orden de llevar sus reliquias, de Milán a Colonia y su culto se convierte en imperial, medida contestada por el papa Alejandro III, que lo convierte en un culto pontifical.


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EFE
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