Las cartas de amor por encargo siguen vivas

Apenas quedan una decena de escribanos, armados con sus viejas máquinas de escribir para salvar de la muerte a la carta de amor, guarecidos bajo los cielos del Centro Histórico capitalino, a pocos pasos de viejos edificios de la época colonial.

También ayudan a jóvenes estudiantes en sus trabajos, redactan currículos o leen cartas a personas iletradas que siguen recurriendo a ellos, aunque con menos frecuencia que antaño.

José Edid González
es escribano desde hace 45 años, uno de los más antiguos del lugar; padece de artritis en las manos, pero aún continua sirviendo a la sociedad, según confesó.

Cada día se va apagando el negocio, porque ya no hay tanto analfabetismo y la gente ya no recurre a sus conocimientos poéticos, se lamenta Edid González.

 
Los escribanos conviven con pequeñas imprentas y con falsificadores que solucionan la vida a más de uno mediante la impresión de facturas o certificados "a medida".

Los clientes que recurren a los artistas de la máquina de escribir son, principalmente, gente madura y algunos invidentes.

"Nos buscan para redactar cartas a sus familiares y para llenar documentos oficiales", relata.

 
Hay quien se acerca con cierta timidez para pedir precio, y se sienta en una de las dos sillas al frente del escritorio del profesional. El trabajo más caro es pasar a máquina una tesis o investigación y hacer de corrector de estilo.

El escribano rememora con nostalgia sus primeros días en el negocio, cuando la alta demanda de aquella época le exigía vivir en uno de los edificios del corredor donde trabajan.

Recuerda a uno de sus clientes que se hacía llamar "Emperador de los Aztecas", quien le dictaba peticiones, discursos, textos dirigidos al presidente de México, al Congreso y a Naciones Unidas, entre otros. Guardaba celosamente sus textos, con los sellados oficiales de la dependencia donde los entregaba.

 
La escribanía nació en Ciudad de México en el siglo XIX, con pluma y papel, hasta que llegó la máquina de escribir. El ordenador ha entrado no hace mucho con las nuevas generaciones.

Para dedicarse al oficio se necesitan "cualidades éticas y morales", así como conocimientos generales de gramática, sintaxis, ortografía y cultura.


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EFE
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