Fiordos, canales, glaciares. La Antártica es un gigantesco laboratorio natural que reúne unas condiciones excepcionales para el desarrollo de la investigación básica, pero también de las ciencias aplicadas.
Silvia Murcia, una investigadora española que empezó estudiando biología marina y después se especializó en ecología de agua dulce en la Universidad de Montana (Estados Unidos), dice que es un privilegio poder trabajar sobre el terreno en este lugar. “Aquí hay una diversidad de ecosistemas apasionante para una bióloga”, explica la doctora Murcia, quien reside en Chile desde hace cuatro años y dirige el programa de magíster de la Universidad de Magallanes, en el extremo austral del país.