Tres jóvenes monjas mexicanas viajaron desde su país para rezar en una capilla de la Basílica de San Pedro por la Iglesia, por Benedicto XVI y por el próximo papa.
Entran casi en punta de pies cada día desde el 28 de marzo, cuando hizo efectiva su renuncia Benedicto XVI, y se arrodillan en la Capilla del Santísimo Sacramento, a unos metros de la tumba de Juan Pablo II. Lo harán hasta la elección del nuevo pontífice.
Las monjas pidieron permiso para venir al Vaticano a rezar y les fue concedido, según el portavoz vaticano, padre Federico Lombardi.
La hermana Esperanza, de 32 años, dijo que de esta forma “acompañan a la Iglesia, con mucha fe y esperanza en este momento tan difícil”.