Pasábamos por Felipillo cuando se registró la invasión de terrenos privados en febrero pasado. Vimos a cientos de personas bajarse de tres buses con tiendas de campaña de la misma marca y color, cintas amarillas, machetes, palas, picos, martillos, clavos, ropa y otros enseres. Los cabecillas llevaban megáfonos y documentos. La organización era tan evidente que muy difícilmente podría tratarse de una invasión espontánea por necesidad. Obviamente alguien lucra con la miseria ajena.
Mercaderes de la miseria ajena
Arnulfo Barroso Watson (arnulfo.barroso@epasa.com) / PANAMA AMERICA