Los controles que han impuesto las autoridades para obtener permisos de armas solo resuelven una parte del problema. Únicamente dilata un poco el armamentismo en la ciudadanía que teme ser víctima del crimen. En el otro extremo están los delincuentes que portan, con mucha facilidad, hasta armas de guerra de alto poder. Si no frenamos el perjudicial pago de servicios criminales con drogas y armas, el país seguirá sumergiéndose en una peligrosa vorágine de violencia.
No puede regir la ley del revólver
Arnulfo Barroso Watson (arnulfo.barroso@epasa.com) / PANAMA AMERICA