¡Basta de ser meros proveedores! Los niños necesitan modelos, alguien en quien creer, aceptación, atención, afecto, y ser escuchados. Si los padres no llenan esos vacíos, el muchacho busca esa aceptación en la calle y otros escenarios, muchos de riesgo.
Los pandilleros y narcotraficantes los esperan para reclutarlos, con lo que los condenan a la cárcel, el hospital o el cementerio.
Lamentos tardíos no valen. Hay que “coger al toro por los cuernos” y revisar dónde se está fallando:
1.- Se ponen reglas, pero se permite que las rompan alegremente; no se da seguimiento, por apatía, falta de tiempo y/o de carácter.
2.- Papá y mamá están ocupados siempre. Ella con los quehaceres domésticos cuando llega del trabajo o distraida con la novela, y él con el periódico o los deportes. No hay una escucha empática.
3.-Los valores están trastocados. Los antivalores prevalecen.
4.- Los niños pueden ver libremente TV y no tienen límites cuando navegan por la web.
5.- La educación escolar es memorística, hace falta motivación, hacer la escuela más atractiva, de puertas abiertas, como extensión de la comunidad y propiciar la formación holística del alumno.