Actualmente 60 educadores imparten clases en el lugar. Algunos alquilan cuartos y otros viven en una casa habilitada para ellos, pero con grandes incomodidades, pues el servicio está forrado con láminas de fibra de vidrio, el cuarto mide aproximadamente cinco metros cuadrados, no hay lavandería y las paredes se están cayendo.
El profesor Francisco Serrano, quien trabaja desde hace dos años en el lugar, dijo que por la falta de limpieza de los alrededores del colegio le ha dado leishmaniasis en tres ocasiones y teme que se pueda desatar una epidemia de fiebre amarilla o dengue porque hay agua empantanada alrededor del plantel.
Por otra parte, la profesora de prekinder Jéssica Castillo relató que hizo un esfuerzo, y con unos bloques, un saco de cemento y un pedazo de tubo de PVC improvisó un orinal para sus alumnos, debido a que no se puede mezclar a los pequeños con los mayores, quienes se pelean la entrada a las letrinas porque dos no alcanzan para todos.