Tener una persona con autismo cambia la vida de cualquier familia. La situación amerita un compromiso permanente de cada miembro, para lograr que ese ser especial se adapte al mundo exterior y logre convertirse en alguien independiente.
Nadie está exento de vivir esa experiencia, pues la condición no discrimina nivel económico ni geográfico. Pero peor aún, tampoco es predecible, por lo cual es importante conocer con qué herramientas contamos, estatal y privadamente, para manejar este desorden y minimizar, lo más posible, sus efectos.
Lastimosamente, en nuestro país los mejores tratamientos se ofrecen solo en la ciudad capital, y son pocas las opciones que las familias del interior tienen para salir adelante y brindarles un mejor futuro a estas personas. El Iphe hace un loable trabajo, pero hace falta mucho más.