El repicar de los tambores disfrazó el sonido de los disparos asesinos

REDACCION /

Darío Fernández Alzamora, hijo del exgobernador, y su madre Alma de Fernández eran los que caminaban el día del asesinato con el exgobernador. Ellos salían de la emisora , que era de su propiedad, y pasados tres minutos llegaron a eso de las 7:30 p.m. al parquecito Conchita Tejeira, en San Antonio. A unos cuantos metros de su casa, un hombre lo llamó y le preguntó: “¿Es usted Darío Fernández?”. Acto seguido, el sicario le propinó el disparo en la cabeza, dijo Darío . Sin pensar en su propia seguridad, el joven corrió tras el delincuente que escapaba mientras disparaba contra él en reiteradas ocasiones.

El Ministerio Público maneja la teoría de que fue un asesinato por encargo, pero en ese momento nada pudo salvar la vida del exgobernador, que murió antes de llegar al hospital de Penonomé, justo cuando se realizaba el torneo de bandas en conmemoración al 6 de noviembre de adhesión a la gesta separatista de 1903.


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