Una tarde de consumo, en medio de la crisis

José Alberto Chacón (jose.chacon@epasa.com) /

A pesar de las medidas de racionamiento adoptadas por el sector comercial del país, en los diversos de la capital no se notó una reducción en la asistencia de clientes.

Un recorrido realizado por comprobó que ante el consumismo que caracteriza a los panameños, no hay crisis que agote sus ansias de gastar.

¿Crisis de qué?

Es mediodía del miércoles. Afuera de Albrook Mall, el gris de los nubarrones son del mismo tono del uniforme que lleva un aseador que busca exhaustivamente restos de migajas que no existen. Las vitrinas de los comercios brillan, igual el piso.

Dentro de un local que comercializa hace mucho frío. La encargada cuenta que abrieron a las 12:00 mediodía, aunque es casi la 1:00 p.m. y el aire aún funciona. Tampoco tienen planta, asegura.

Según Marcos Goodridge, administrador general del , los aires se apagaron a las 11:00 a.m., tal como lo establece el Decreto Ejecutivo 268. “Lo que pasa es que muchos locales chicos mantienen el clima adentro, porque este se conserva debido a que poseemos una planta generadora para suplir el pasillo central de todo el , y ese aire se cuela en los locales”, dijo.

La mayoría de los 606 establecimientos de este edificio no cuentan con planta eléctrica, explica Goodridge, pero que los más grandes como tiendas por departamento (denominadas ancla) son las que usan plantas propias.

La tarde camina aceleradamente en Multiplaza, a las 3:00 p.m. En una de las entradas de puertas eléctricas, dos niños con mejillas coloradas luchan contra el calor que les trata de arrebatar sus barquillos. Pero más rápidas son sus lenguas. Los almacenes mantienen los letreros y rótulos apagados, medida que les exigió la administración de ese complejo comercial que consume la misma cantidad de energía que Aguadulce en un día. Allí no hay calor que se cuele; elevadores y escaleras eléctricas funcionan como de costumbre, las cajas tragan dólares, el capitalismo hace su digestión tranquilamente.

El tráfico empieza a lamer las calles a las 5:00 de la tarde, al tiempo que el sol escurre sus rayos sobre un viejo edificio en Calidonia, es un residencial con nombre brasileño. Al visitar la recepción, una mujer atiende a una pareja de viajeros canadienses. Le explica que sí tienen planta, “no se preocupen”, les advierte.

“La gente sigue llegando”, comenta.

El paso por Plaza Centennial no aporta gran novedad, salvo un grupo de jovencitos con iPaads en manos que devoran hamburguesas en un restaurante de comida rápida.


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