Martha Rojas, infectóloga del programa de VIH del Hospital de Especialidades Pediátricas de la CSS, explicó que la atención no solo la brindan los dos infectólogos, sino un equipo compuesto por farmacólogos, trabajadoras sociales, paidosiquiatría, psicología, enfermeras, epidemiología, quienes le dan seguimiento al paciente.
Lo hacen porque además de niños atienden a adolescentes que se encuentran en una etapa muy especial de rebeldía y que al saber su diagnóstico muchas veces se niegan a tomar los medicamentos. Atienden a 50 pacientes y a 45 les dan las terapias.
Rojas explicó que el ingreso al tratamiento se hace luego de una evaluación cada tres meses de los valores de CD4, que son células que dependiendo de su valor indican cómo están las defensas del paciente. El virus disminuye esas células y se replica en todo el sistema. Si el CD4 está por debajo de 500, se inicia la terapia. La otra prueba es la medición de la carga viral, si marca por arriba de 100 mil copias se le da la triple terapia o tratamiento antirretroviral.
Cada tres meses se hace el control de ambas y si están tomando bien la terapia, la que sirve para tener lo más suprimido el virus, se evitan las hospitalizaciones por enfermedades o infecciones oportunistas, explicó Rojas.
El seguimiento implica hacerle pruebas de función renal y de sangre, como hemograma completo, colesterol, triglicéridos, porque la terapia aumenta el colesterol y el ácido láctico, lo que hay que monitorear.
Tratan a niños de un año a mayores de 15, como los 25 que al año nacen de madres infectadas, a los que se les hacen pruebas específicas hasta los 12 meses, porque la madre le puede transmitir sus anticuerpos y a los 18 meses ya generan los suyos. De estos 25, uno resulta positivo.