El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, rechazó las críticas de que es un líder autoritario y calificó a los manifestantes de extremistas, mientras cientos de ellos regresaban a la plaza de la capital que fue escenario del estallido más intenso contra el Gobierno en los últimos años.
Durante los últimos tres días, manifestantes de todo el país han expresado su resentimiento acumulado contra Erdogan, quien después de 10 años en el poder es visto por muchos turcos laicos como una figura que no está dispuesta a negociar y que tiene demasiada influencia en cada parte de la vida del país.
“Si califican de ‘dictador' a alguien que ha servido al pueblo, no tengo nada que decir”, dijo Erdogan.