Datos
- 2,250 es la cantidad de mujeres que pudieran estar en las pandillas, según cifras de las autoridades.
- 5 es el número de mujeres que han muerto este año producto de la violencia que se relaciona con las pandillas.
Luzkeyra Pérez sabe expresarse, ella rompe los esquemas, no es el típico caso de las mujeres de Barraza, el barrio donde vive; tiene la capacidad de hablar con autoridad sin necesidad de gritar ni utilizar malas palabras.
Es una mujer que ha vivido de cerca la tragedia que arrastra esta subcultura de quienes están dentro de las pandillas.
“Nadie me convenció de salir de ese mundo, fueron revelaciones, milagros que Dios hizo en mi vida”, relató Luzkeyra, al expresar que no añora para nada esos tiempos cuando estaba relacionada con las pandillas, pese a los lujos, el dinero y las joyas que le tocó tener durante esa época.
No obstante, reconoce que de la mano de esas comodidades económicas que llega a tener una mujer en las pandillas, hay todo un arrastre de situaciones trágicas, por la muerte de seres queridos, la cárcel y hasta en ocasiones, el peligro de la propia vida.
Ella nos abrió las puertas de su casa para contar su testimonio de vida, con el propósito de que su historia llegue a más muchachas que hoy están pasando por esta situación de peligro dentro de las pandillas.
Ahora Luzkeyra se gana la vida de manera honrada; en las noches vende comida para los operadores del metrobús y los trabajadores que laboren hasta la madrugada; en la mañana realiza labores de estilista dentro de su apartamento.
En su cuerpo han quedado las huellas de la violencia, cicatrices de disparos y de cortadas, producto de las situaciones que tuvo por estar dentro de este mundo lleno de traiciones y de pases de factura.
En la entrevista recordó cuando fue baleada por un menor de edad en ese entonces, quien quería arrebatarle sus joyas.
“Después, a ese muchacho yo lo rescaté para Cristo”, dijo al revelar que aprendió a perdonar a quien una vez atentó contra su vida; hoy ella lo considera un hermano en la fe de Dios.
Esa capacidad que tiene Luzkeyra para perdonar a los demás considera que es la clave para que haya podido conservar el respeto que una vez tuvo cuando se movía en ese ambiente de violencia.
Recordó la muerte de su prima hace 15 años; unos pandilleros la tomaron de escudo en medio de una balacera entre grupos rivales; “ella quería ser modelo”, dijo entre sollozos.
Por la muerte de su hermano menor y la de la esposa de este, le tocó asumir la responsabilidad de criar a su sobrino, a quien le está inculcando la disciplina del estudio y el trabajo, como mejor forma de vida, lo mismo hace con su hija; ambos tienen 10 años.
Estuvo en la cárcel de mujeres, allí sufrió las dificultades por el hacinamiento y las malas condiciones de este penal.
Por eso se dedica a enseñarles una profesión a las muchachas del barrio (Barraza), para que se ganen el sustento de forma honrada, sin vender su alma a las pandillas.